viernes, julio 18

La tristeza que la ciudad arroja en los tejados





Estoy alentando un bárbaro.
Me doy cuenta con el paso de los días
en tus ojos, en tu sed, en tus mandíbulas.
Al caer la noche adopta las cien formas
del dolor o de la vida (si fueran banderas distintas).
Tiene el pecho en llamas, la barba entrecana,
el vientre palpitante de batracio
atravesado de cabo a rabo por una herida.
No atiende a razones. Se desespera.
Anuncia a gritos su marcha. Después se queda.
No quiere ser visto. Corre descalzo por la playa.
Regresa empapado en sudor y en lágrimas.
Usa palabras extrañas. Las susurra. A veces
se retuerce en muecas y posturas dolorosas
que provocarían la risa si no provocaran miedo.
Llora como un niño. Se enfada,
se arrepiente, se enfada. Camina en círculos.
No encuentra salida. De pie frente a la ventana
observa la tristeza que la ciudad arroja en los tejados,
la sangre que, sobre el cielo, el sol derrama.
En voz baja repite te amo, te amo, te amo.
Durante horas.

frentealaventana.ayer.

días