viernes, febrero 16

Problemas con el alcohol

La furia incontenible del mar,
la letra de las canciones que he escuchado
más de cien veces a lo largo de mi vida,
los años cumplidos,
las certezas que me permiten
seguir adelante, las dudas que algunas tardes,
sobre todo las de domingo,
me acorralan.
Y los espacios que dejo para que sean habitados
por otros, tan pequeños, tan oscuros a veces.

Ciertas noches tengo problemas con el alcohol.

Restos de madera, redes rotas,
miembros de plástico de muñecas ahogadas
hace meses invaden el aparcamiento del puerto,
se extienden de un modo desordenado.
Al otro lado del muro,
el océano se muestra contenido y metálico,
a la espera de un nuevo envite,
de resultas cuando la marea crezca y los hombres
observen con miedo la llegada de la noche.
¿Qué sería de nosotros sin el miedo?

El tacto áspero del volante,
el ruido del motor, los cables del tendido
eléctrico que parecen avanzar
a la misma velocidad que yo,
acelerar, pensar en todas las cosas
que quiero hacer con su cuerpo y sentir
cómo mi cuerpo reacciona.
Sonrío.
Sonrío en silencio y dejo que mis ojos
se pierdan en el horizonte.

Despega un avión y apenas se distingue
entre las nubes. Se eleva y cambia el rumbo
en una curva sostenida y constante
hasta desaparecer.

Dejarle un hueco. O que lo ocupe todo.

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