lunes, junio 30

dESMIGAJADOS

En el asfalto mojado de las avenidas reposan los minutos que restan para llegar a las cinco de la madrugada.

Nicolás camina despacio por las aceras desiertas de Ciudad en dirección a la fábrica de palabras.

María se tapa con mantas los pies desnudos y fríos en una cama con una ventana en el cabecero.

Yo cobijo entre las manos una taza humeante de café y estoy sentado en el suelo de la cocina que tiene los ojos cerrados. Las paredes de la casa están llenas de grietas. En algún rincón debelado por el polvo, un despertador amanece y comienza de nuevo a llover la primavera que agoniza en cristales sucios de ventanas ciegas, días de mayo tan extraños como espadas, amores desmigajados.

Las grietas de las paredes desaparecen. En su lugar, la luz azul del amanecer pinta líneas negras como ríos vistos desde los aviones, agua dulce que surca las paredes hasta alcanzar el mar que aguarda rizado en el quicio de las puertas entreabiertas. Ojos. Ojos de tremenda tristeza.

umdpp.formentera.hoy

lunes, junio 23

uN mAR dE pIEDRA pÓMEZ


"tan oscuros e inciertos
el mar de piedra pómez
y tus cabellos húmedos... "
jon juaristi, muchacha en la ventana

lunes, junio 16

tus pies cansados

Si vinieras esta tarde y tus pies cansados anochecieran descalzos junto a los míos, la primera tormenta de la primavera nos encontraría aquí sentados y tu voz como el anuncio de los días amarillos y las noches junto al fuego y la tarde sería una locomotora de carbón y el ruido de las bielas la música que acompañase al sol cuando rueda por el filo de la montaña. Un avión se empeña tercamente en ser algo más que un punto insignificante seguido por una estela que va desvaneciéndose, perfectamente recta y perfectamente blanca en este cielo azul que todos vemos y que ni es cielo ni es azul. Lástima grande que no vaya a ser eterna esta belleza.

el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.gijón.febrero2006

miércoles, junio 11

siete

La única revolución pendiente es la de las palabras y esta es una patria, una vida, unos años legitimados para encender la mecha y no dar tregua. Sentirse ruedecita dentada de un engranaje preciso, codo con codo de gente con nombres que no son las palabras que uso para llamarles, corazones valiosos que caminan siempre con la sonrisa presta y el ánimo decidido. Porque ser un revolucionario sonriente, amable y cálido es ser un revolucionario de pies a cabeza, cierto como la tierra húmeda y como este mar feroz que se alimenta de leyendas malditas y del que me despido desde el aire. Huestes de lluvia y arcoiris en la tarde de asturias hoy que dejo a un lado las manos y las catedrales y me aferro a las palabras que ayer fueron carbón y mañana serán diamante. Regresé a mis cuarteles de invierno. Y ardían.

diario de puños y catedrales.enelaire.mayo2006

sábado, junio 7

malena

malena preguntó qué te pasa cuando lo que realmente quería decir era me pasa algo y no te estás dando cuenta y no me estás preguntando porque malena es de esas personas independientes y solitarias que siempre necesitan alguien a su lado y yo pienso que valiente independencia y por eso me quedé mirándola por encima de los tejados de la ciudad en un gesto que mezclaba la más áspera indiferencia con la paciencia del que comienza a ver la misma película por decimoséptima vez porque en esta ocasión ni siquiera tuve que abrir la boca para que sus ojos comenzasen a llover ya que el agua remansada en sus párpados desbordó los diques y saltó al campo llano de sus mejillas para bañar libremente su cara y morir en las comisuras de sus ambiguos labios tan bellos cuando besaban tan corrosivos cuando construían sonidos como los de ahora y es que estoy embarazada fue lo que decidieron inventar y las dos palabras recorrieron como un bumerán la pequeña habitación que hacía las veces de salón en su pequeño apartamento y fueron diez segundos de vuelo hasta que estoy embarazada chocó contra mi cabeza para hacerme reaccionar y aunque sabía que lo más sensato hubiese sido ponerme a sus pies y agarrar sus manos vacías con ternura y consideración o encender la risa o la carcajada y fingir felicidad algo sencillo si fuese tan hipócrita como tú lo único que se me ocurrió fue preguntar es mío con la consiguiente oferta de compre un es mío y llévese la bofetada de regalo y no me ayudó en nada la descarga de adrenalina de mi violenta novia porque ya eran dos golpes en la cabeza durante el último minuto y mis neuronas no tienen casco ni airbag ni nada que se le parezca y las pocas ideas que conservo las guardo en cajas de cartón donde está escrito frágil y sin embargo a pesar de mi aparente oligofrenia que realmente es un mecanismo de defensa levanté las estanterías de mi cerebro y coloqué con paciencia de hormiguita cada uno de los libros y barrí la casa e incluso puse la lavadora y me quedé apoyado en ella para que no saltase hice la compra y zambullí los espaguetis en agua efervescente es decir me levanté del sillón bajé a la calle atraqué a la primera vieja a quien se le ocurrió cruzarse en mi camino compré dos maravillosos anillos de compromiso y con el dinero restante encargué el banquete contraté la puta para el striptis de mi despedida de soltero y llamé a mis padres para decirles que me casaba

si es niño se llamará domingo como yo y si es niña igual... bueno mejor no

de hombres y nombres.salamanca.octubre2000

lunes, junio 2

a veces me siento como una rana sin membranas entre los dedos

No te muevas. Levanta las manos con las palmas extendidas hacia el techo. Date la vuelta lentamente. Así. Muy bien. Ahora dame todo lo que de valor lleves encima.

Un libro escrito en el año en que nació mi padre ocupa el tiempo de la mañana. La luz naranja del alba se extiende sobre las paredes de la casa como aceite caliente. Yo conozco el peso exacto de tu cuerpo. He abierto con las manos la fruta aún no madura del día, tus ojos cansados y las arrugas de la frente donde resiste la madrugada en jirones. Posada en los cables del tendido eléctrico una parvada de tórtolas anuncia un sol que estrenará el verano, tomates, patatas, azúcar, café, leche, cebollas escritas en la puerta del frigorífico, el rito hebdomadario de limpiar el huerto y arrancar las malas hierbas, idénticas a las buenas pero de raíces débiles, la tranquilidad suspendida en los lagartos del mediodía, otra vez tus ojos cansados, la mueca desafiante en la boca de labios amargos, el ruido de tus pasos tristes en el suelo frío del salón dormido, oscuridad que llenamos de enemigos que nos hacen daño.

Me acerco a la puerta de la casa y se escucha en la cajamúsica el disco de vaya con dios que compraste en el mercado de san francisco. Dos berenjenas rellenas se asan en el horno mientras friegas platos y lágrimas. El pantalón del pijama te queda grande y cumple su gravedad. Anochece y me acerco por la espalda mirando la media sonrisa de tu culo. Necesito que sea. Que sea ésta la última lluvia de la primavera. A veces me siento como una rana sin membranas entre los dedos.

Los habitantes de la isla se reúnen en can toni los domingos por la tarde. Charlan conversaciones en sordina, escuchan música, beben cerveza en vasos altos y vino blanco en copas de cristal. Azumbrado, un tipo vestido con una túnica gris y un chaleco granate y calzado con unas viejas zapatillas azules de la marca nike mendiga por las mesas del bar papel para poder fumar un cigarrillo de marihuana. Cuando lo consigue, lo lía con templaza, lo enciende con una cerilla que se consume y ofrece a todo el mundo una calada. Envuelto por volutas de humo gris que se elevan, comienza a bailar en arabescos una canción de los new amsterdams y abre los brazos en cruz, cierra blandos los ojos, sonríe. Perdóname, siento mucho no haberte dejado dormir en toda la noche. La canción termina, regresa de ese lugar al que le llevó la melodía y se detiene. Una mujer menuda de pelo largo moreno y pies grandes le encara para devolverle el cigarrillo menguante. Ríen y el tipo ensaya ante ella una reverencia: flexiona el tronco hasta ser capaz de meter la cabeza entre las piernas. Tres perros sin dueño dormitan al abrigo de la barra. Ahora encendidas las farolas en ringlera se dirigen hacia la playa, las luces de los coches que pasan se reflejan en el techo de la estancia y la idea de buscar otros caminos, como un instinto primario, quema en la palma de las manos, vitriolo invisible escondido en los cajones y el polvo. Dulcedumbre del crepúsculo que empequeñece.

Las páginas mojadas de libros desconocidos duermen en los soportales de la plaza mayor. Los coletazos de la lluvia empapan el día y los pájaros sacuden las alas a un aire salobre. Tú, tus manos, tu olor se desvanecen. A veces desayunábamos durante horas sentados en bares de ciudades aún por descubrir. Ábrego, viento templado y húmedo del sudoeste que trae las lluvias.

Puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.

No te muevas. Levanta las manos con las palmas extendidas hacia el techo. Date la vuelta lentamente. Así. Muy bien. Ahora dame todo lo que de valor lleves encima. Todo.

formentera.mayo2008

días