Rojo, una pregunta: ¿pueden dos hombres tener la misma sombra? El Cojo y Nicolás discuten acerca del contorno de las sombras en el tiempo de la sobremesa. Borracho Nicolás anoche se quedó dormido en la barra de un bar. María le agarraba la mano derecha para que no cayera del taburete. Por eso hoy, en el tiempo de la sobremesa, Nicolás apura a sorbos un té y medita una respuesta. Yo creo que cada ser humano está formado por un número infinito de características, físicas en el asunto que nos ocupa, cuya suma constituye la singularidad. Dada la infinitud de dichas características, la probabilidad estadística de que en dos seres humanos se repitan en igual modo y orden es despreciable. El Cojo mueve los labios y levanta la ceja derecha en un gesto impaciente. Sin embargo, el contorno de las sombras no es tan definido. Depende de la intensidad, localización y espectro de la fuente luminosa así como de la postura corporal del individuo. Nicolás observa la borra del té en el fondo del vaso y lo posa encima de la mesa. Concluyo, entonces, que dos seres humanos distintos pueden cobijar la misma sombra. ¿En qué andas esta semana? Le pregunto. Palabras de raíz árabe que empiezan por al, responde al tiempo que parece recuperar la energía que late en el interior de su cuerpo. Y llego tarde, añade mientras apoya la palma de las manos sobre la mesa para impulsarse. Nos vemos después en el vestuario. Quiero contaros algo.
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