a guille
no sabría bien decir que fue antes. Tal vez la lluvia o las palabras. Tal vez la música. El sabor dulzón de la cerveza amarga. Miércoles era gris porque el sol habitaba en sus corazones. De eso puede estar seguro. Porque la ciencia no explica el calor de su pecho si la tarde prendía la luz de la noche, la lluvia gritaba niebla furiosa y desafiante y el otoño acechaba agazapado como una manada de leonas en el aliento de un viento taimado que mecía hojas marchitas de flores eternas.
Son lugares para guardar en una bola de cristal como esos paisajes de invierno nevados por pequeñas esferas de corcho. Entre las manos, como fuego, los dos o tres sueños que aún les quedan intactos o, al menos, sólo con los bordes desconchados. Y, como no podía ser de otro modo, un final que estuviera a la altura. Para la tregua de las nubes con la barriga llena de agua el arcoiris encendido y ellos, imbéciles, dibujando fotografías. Como si fueran capaces de detener el tiempo.
acecha el invierno como una manada de leonas.gijón.agosto2006
no sabría bien decir que fue antes. Tal vez la lluvia o las palabras. Tal vez la música. El sabor dulzón de la cerveza amarga. Miércoles era gris porque el sol habitaba en sus corazones. De eso puede estar seguro. Porque la ciencia no explica el calor de su pecho si la tarde prendía la luz de la noche, la lluvia gritaba niebla furiosa y desafiante y el otoño acechaba agazapado como una manada de leonas en el aliento de un viento taimado que mecía hojas marchitas de flores eternas.
Son lugares para guardar en una bola de cristal como esos paisajes de invierno nevados por pequeñas esferas de corcho. Entre las manos, como fuego, los dos o tres sueños que aún les quedan intactos o, al menos, sólo con los bordes desconchados. Y, como no podía ser de otro modo, un final que estuviera a la altura. Para la tregua de las nubes con la barriga llena de agua el arcoiris encendido y ellos, imbéciles, dibujando fotografías. Como si fueran capaces de detener el tiempo.
acecha el invierno como una manada de leonas.gijón.agosto2006
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