lunes, junio 25
Cien pasos
sobre una tierra que no tiene nombre
ni bandera
la noche
la aurora señalada en el día que esperamos
una articulación desencajada
lágrimas de cocodrilo en dramas de sobremesa
tengo un millón de pesetas
escondido bajo las baldosas de la cocina
quiero llegar a ser
un astronauta en los lugares invisibles
de las ciudades con mar
quiero extrañar
tu abrazo desnudo antes de que la noche
estalle en mil pétalos negros
andaos con ojo porque
os estoy vigilando sin descanso
la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004
martes, junio 19
Ánimo y sigue participando
¿Tan mal empieza el día que hasta la tapa del yogur del desayuno tiene que echarme un cable?
acecha el invierno como una manada de leonas.roses.mayo2006
acecha el invierno como una manada de leonas.roses.mayo2006
domingo, junio 17
Los ojos del invierno
miércoles, junio 13
treinta
Prefiere mirar en la pantalla del ordenador la fotografía de sus pies descalzos antes que hablar con ella en un lenguaje de palabras azules, manos cortadas, cuencas vacías de ojos sin lágrimas.
diario de puños y catedrales.roses.noviembre2006
diario de puños y catedrales.roses.noviembre2006
sábado, junio 9
mutis por el foro
Manuel no recuerda si empezó a beber porque se sentía solo o se quedó solo porque bebía demasiado.
Manuel fue un buen actor de teatro. Uno de los grandes. De los de verdad. De aquellos que desoyen los cantos de sirena de la televisión y del cine porque cuando el director dice ¡corten!, no se escuchan los aplausos.
Pero llegó un día en que Manuel entendió que se quedaba solo. Que un velo de silencio se tendía entre él y los demás. Cada vez tenía más miedo de comunicarse y cuando intentaba hablar, la gente no le entendía. Y cuanto menos le entendían, Manuel más bebía.
La tristeza se instaló en su vida como un huésped del que no sabes cómo escapar. Él ponía todo su empeño en expresarse, pero el de enfrente se quedaba perplejo y nunca contestaba lo que Manuel quería. Pocos aguantaban a su lado porque pocos tenían tiempo y paciencia suficiente para descifrar lo que Manuel quería decir.
Muchos afirmaron que eran excentricidades de artista, de genio. Pero pronto se acabaron las propuestas de trabajo y los contratos.
Manuel acabó en una residencia de ancianos gracias a la caridad de la Casa del Actor. Dejó de beber porque no tenía dinero para ello.
Hace días ingresó en el hospital. Hablaba solo, tenía tics nerviosos y pasaba largos ratos sumido en un sueño del que despertaba, de súbito, levantándose y dando gritos mientras se agarraba la cabeza con las manos.
Los médicos intentaban comunicarse con él, pero era imposible. Si le hablaban de su enfermedad, él lo hacía de religión. Si de religión, él de fútbol, Si de fútbol, él de su enfermedad. En una ocasión, un médico comenzó a hablar de teatro y Manuel le dio la espalda y comenzó a gritar mientras se tapaba los oídos con las manos.
Una tarde de lluvia, cansado de no sentirse entendido, Manuel se tiró por la ventana.
El verano se acercaba lentamente.
aprendiz de dios.salamanca.junio2001
Manuel fue un buen actor de teatro. Uno de los grandes. De los de verdad. De aquellos que desoyen los cantos de sirena de la televisión y del cine porque cuando el director dice ¡corten!, no se escuchan los aplausos.
Pero llegó un día en que Manuel entendió que se quedaba solo. Que un velo de silencio se tendía entre él y los demás. Cada vez tenía más miedo de comunicarse y cuando intentaba hablar, la gente no le entendía. Y cuanto menos le entendían, Manuel más bebía.
La tristeza se instaló en su vida como un huésped del que no sabes cómo escapar. Él ponía todo su empeño en expresarse, pero el de enfrente se quedaba perplejo y nunca contestaba lo que Manuel quería. Pocos aguantaban a su lado porque pocos tenían tiempo y paciencia suficiente para descifrar lo que Manuel quería decir.
Muchos afirmaron que eran excentricidades de artista, de genio. Pero pronto se acabaron las propuestas de trabajo y los contratos.
Manuel acabó en una residencia de ancianos gracias a la caridad de la Casa del Actor. Dejó de beber porque no tenía dinero para ello.
Hace días ingresó en el hospital. Hablaba solo, tenía tics nerviosos y pasaba largos ratos sumido en un sueño del que despertaba, de súbito, levantándose y dando gritos mientras se agarraba la cabeza con las manos.
Los médicos intentaban comunicarse con él, pero era imposible. Si le hablaban de su enfermedad, él lo hacía de religión. Si de religión, él de fútbol, Si de fútbol, él de su enfermedad. En una ocasión, un médico comenzó a hablar de teatro y Manuel le dio la espalda y comenzó a gritar mientras se tapaba los oídos con las manos.
Una tarde de lluvia, cansado de no sentirse entendido, Manuel se tiró por la ventana.
El verano se acercaba lentamente.
aprendiz de dios.salamanca.junio2001
domingo, junio 3
Son líneas blancas que van y vuelven
que se posan en la tierra
y se despiden con tristeza
es sal volando en el viento que surge de donde nace el mundo
vientres de nubes que se miran en el espejo añil de las mareas
pájaros que gritan como cantan
y cantan libertad en cada ala
es arena de un reloj que no mide el tiempo
que lo detiene en su doble embudo de leyenda
farallones de piedra cincelados a caricias de frío desafiantes
manos de un sol cálido y lejano cierto
manos de un sol miel derramándose sobre sus pechos
hilos de luna que tejen un manto de niebla
sobre la superficie forjada antes de todos los tiempos
y la dirigen allí y la devuelven acá y la abandonan
en un baile sublime y perfecto hecho de música
qpqtceunv.oviedo.agosto2001
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