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sábado, julio 13

Los días que iban a venir

Después vendrán los días
en los que el desayuno no será un manzana
ni las preguntas escritas en las paredes
del cuarto de baño
indelebles
incisivas
serán las tardes de lluvia
con una taza de café caliente
entre las manos y los muros
donde recordar cuando decías
es la calefacción de los pobres.

Un compacto de los immaculate fools
rayado en la tercera
la penthouse de noviembre
con depilaciones pasadas de moda
y más preguntas
y más indelebles
a la hora del desayuno que no será una manzana
en el bañal de la cocina
los cacharros de todas las cenas
sucios de tiempo.

Buceaba en los montones de ropa
que dejaste
como un cazarrecompensas
o un ladrón
o un policía desorientado
y encontré las bragas
que te quitabas sin usar las manos.
Me las puse y con el móvil
frente al espejo estuve haciéndome fotografías
que después envié a mi hermano.
Después sentí frío
y después vendrán los días
que ya llegaron.

Me duchaba vestido
y fumaba un par de cigarrillos
de los que odiabas.

Me quedé dormido
frente a la televisión apagada
y soñé contigo como siempre.
Al despertar me dolían las muñecas
y la tarde estaba oscura pero fértil
dulce y llena de helio.

Leí algo que había escrito hacía diez años.

Mientras se cocían los macarrones
fumé otro cigarrillo
el último que me quedaba.
Estaba convencido de que los días
habían llegado
y no parecían tan malos.

Recordé cuando te levantaste de la silla
de plástico negro
y en el asiento quedó
como una isla
la humedad de tu sexo.
Entonces te perseguí para presentarme.
Cómo te reías.

Ahora llegaron los días que iban a venir.

gijón.mayo2012

sábado, junio 29

Otros cuerpos

Las calles del barrio
resisten el invierno y
cesa la lluvia que ilumina
las piedras oscuras
de las calles.

Yo camino en silencio y sé
que detrás de los edificios
aguarda un mar gris
plagado de cadáveres.

Enero muerde con sus dientes
fríos como espejos
los últimas días de esta vida.

Después llegarás tú
y estarán todos los demás.

Yo anhelo deshacerme
de esta torpeza y de estas manos.
Alcanzaré otras calles
en las que perderme
contigo porque a pesar
de todas las ausencias
aún deseo más que nada
en el mundo
sentirme solo
terriblemente solo a veces
en tu compañía
presos a sabiendas
de querernos mal
de querernos poco
incapaces casi todos los días
de ser livianos
incapaces de redimirnos
torpes como lo son mis manos
acostumbradas hace años
a custodiar un cuerpo
que ya no es el tuyo y
que ya no es el mío.

gijón.eneroenseñandolosdientes.2012

viernes, junio 14

Quisiera no tener que regresar

Quisiera no tener que regresar.
Hacerme a un lado.
Desaparecer.
Continuar escribiendo
cada mañana,
torpemente,
para desandar el camino
de vuelta a las ciudades que conozco
tan bien como conozco tus manos.
 
Donde no hay lugar
para el tedio;
pero sí para la tristeza.

cimavilla.frío2013.

sábado, mayo 25

De lo demás / sólo restos permanecen

¿Qué se supone que debo hacer ahora con vos?
¿Desenredarte?

En armazón de nudos de aire convertida
al tiempo que una luz se asemeja a los recodos
tu poesía siempre ha sido libre
y mucho más cierta que la mía
sólo con moverte, sólo
con cerrar los ojos.

Desenredarte.
Aparcar el coche en doble fila.
Dejar abiertas las puertas y
la música encendida.

Sostenerte
para que no te conviertas en miedo.

La lluvia que arruina la tarde
el ardor de estómago
la palabra que anuncia el silencio.

Ahora tú y después
de lo demás
sólo restos permanecen.

gijón.diciembre2012

viernes, abril 26

No olviden apagar sus dispositivos electrónicos

Te echo de menos en los aeropuertos,
en los pasillos iluminados de las terminales
cuando, de pie frente a los monitores,
aguardo que se muestre la puerta de embarque
del avión que habrá de llevarme
de regreso a casa.
Cuando camino sobre suelos de espejo,
sin prisa,
con esa agradable sensación de extravío
que siempre me invade en estos lugares.
Como perderse durante un viaje,
sin importar apenas el tiempo,
apenas el modo de llegar,
apenas el juicio de los almanaques.

Te echo de menos
sentado frente a los aviones,
con un café enfriándose en las manos.
Imagino que regresas del baño
y esperamos hasta la última llamada
para entrar en el avión.
Los dos últimos asientos libres.

Sobre el mar,
un vuelo transoceánico o, tal vez,
el que hicimos los tres
a la conquista del frío.

No echo de menos nada más
porque sé que me esperas,
sé donde descansas,
donde apilas los libros
que ya no vas a leer.

El vuelo con destino Asturias
iniciará el embarque en unos instantes
por la puerta ca noventa y ocho.

No olviden apagar sus dispositivos electrónicos. 

barajas.diciembre2012. 

jueves, marzo 28

Nunca antes había visto cosa igual

Tú vas a gobernar la lluvia.
O a detener el viento,
como hiciste aquella tarde bajo las palmeras.

Al menos, ese es el recuerdo que yo tengo.

Noticias de guerra inundaban los escaparates,
Nacional empataba con Danubio en el último minuto,
un autoestopista en la dieciocho de julio se desmoronaba y
una mujer desnuda bailaba sobre el capó
de un coche mal aparcado frente al Solís.

Y las gotas de lluvia detenidas en el aire.

Nunca antes había visto cosa igual.

Tú sonreías y te dejabas hacer.
Desmadejada.
Más ausente, si cabe, que los días en el Polonio,
que las tres noches feroces que pasamos
en la habitación de aquel hotelucho en Sarandí.

Cuando fuimos rabia y fuimos olvido.
Y demasiadas canciones de Bigott.
Y dosis excesivas de alcohol y de tristeza. 

deregresoabbaa.febrero2013 

domingo, marzo 3

Convertirnos en reyes

Sucede que no amanece,
que la noche se extiende
más allá de lo soportable,
que llega el frío y, con él,
la tristeza,
que echo de menos tu cuerpo,
ahora sólo tu cuerpo
como el lugar donde el dolor
no existe.
Y entonces puede llover
y oscurecerse el cielo.

Dejar pasar las horas
sin miedo a perderlas.
Creernos inmortales.
Subir las escaleras.
No bajarlas durante días.
Dar por cerrado este tiempo,
abrir uno nuevo.
Borrachos de fortuna,
ser otros, aunque los mismos.
Reconocernos en los besos,
más allá de las cenizas.
Dormir cien horas,
comer en la cama
la fruta que Alicia
encontró en el mercado.
Pobre Alicia.
Sonreír.
No darnos por vencidos.
Someter a febrero y, así,
convertirnos en reyes,
lejos ya y para siempre
del invierno.

gijón.enunfebreroindomable.antesdelosaviones.

viernes, diciembre 7

En el callejón de las fieras

Si dejo de mirarte
mientras te desnudas,
ellos habrán vencido,
se cargarán de razón.
Habrá unos ojos
que no tendrán palabras,
el último héroe
acribillado a balazos
en el callejón de las fieras.
La tristeza alcanzará la ciudad
a medianoche,
las manos serán
como peces boca arriba,
hastiados de invierno.

En sueños digo cosas
que, despierto,
sólo pensaría.

cimadevilla, cerca del callejón de las fieras.noviembre2012.

domingo, octubre 28

Todo lo que soñamos cristaliza



A veces lo olvido.
A veces el mar y
un par de cervezas
en la cuesta.

La ciudad sometida.
La tarde que es nuestra.

Todo lo que soñamos
cristaliza.
Todo lo que tememos
se diluye, se vuelve
insignificante y
mutable y
leve.

cimadevilla.gijón.quizásagosto2012

sábado, septiembre 29

Usarte

Reducir la distancia entre los sueños y la realidad.
Dormir diez horas seguidas.
Pintar de blanco las paredes del baño.
Viajar a África.
O a Córdoba en una furgoneta.
Regalar la ropa, incluso la que me pongo.
Caminar descalzo.
Leer sin intentar entender qué sucede,
quién lo provoca.
Usarte como coartada.
Usarte.

cimadevilla.ahora.

jueves, agosto 30

Ser a ciegas lo que quieran nuestras manos

Encontrarnos,
después de tantos lunes,
vencidos y a oscuras
como dos viajeros de regreso a casa
en una estación de metro vacía
y de pronto sin luces.

Ser a ciegas lo que quieran nuestras manos.

Dormir al fin un sueño de suicidas
con la alegría que, en ocasiones,
ocupa en el pecho el hueco
que deja el miedo.

gijón.julio2012

viernes, agosto 3

Siempre me hiciste sentir un tipo importante


La idea es no permitirse el olvido.

Contener la magia en el hueco
que forman las manos al juntarlas
y de cada ocasión
en que estuvimos juntos
conservar un recuerdo.

Creer, a riesgo de engañarme,
que existe el futuro
más allá de los sueños de madrugada
entre el lunes y el martes cuando

corrías detrás de mí
gritando mi nombre
pidiendo que te esperara.

Siempre me hiciste sentir
un tipo importante.

gijón.julio2012.

viernes, junio 8

Como marzo con los nogales


No olvidaré
el tacto frío de las vidrieras
ni el sonido de los trenes,
las colas para entrar en los museos
o lo que octubre estaba haciendo
con los sauces de la avenida.

No olvidaré la ceniza
que el humo de los tubos de escape
depositaba en las fachadas,
ni la pendiente suave de la calle
hasta alcanzar la plaza
donde sucedió
aquel encuentro inesperado.

Así el tiempo ha hecho
siempre con nosotros.

Como marzo con los nogales.

gijón.ocualquierotraciudad.

domingo, marzo 18

Helicópteros


Si busco convertir
tu cuerpo en palabras
encuentro decenas.

Busco entonces algo,
no sé bien de qué se trata,
en el aire que te rodea.

Pongamos el perímetro
a diez centímetros de la piel,
como se rastrea en la costa
el cadáver de un ahogado.
(Dos palabras, quizás,
difíciles de encajar
cuando se supone que es este
un poema de amor).

Busco, en resumen,
palabras ahogadas
a menos de diez centímetros
de un cuerpo
que es el tuyo.

Para definirte
geográficamente.

Perfil de cuerpo.

Perfil de costa.

En lugar de helicópteros
cuento con dos manos
y pienso,
mientras te sobrevuelo,
costa maldita,
qué cantidad de palabras.

berlín.marzo2011

jueves, marzo 1

Me hacía arder


Dejar la luz prendida,
tal vez todas las bombillas de la casa,
mientras los taxistas en la calle
aguardan en silencio
y la tarde se muere en grises.

Verte desaparecer de pronto,
como un fogonazo,
fundido en negro
y tu risa que se aleja
por acción del efecto doppler.

Sentir en el pecho
el mismo dolor que Cubero
aquella tarde en la plaza de Colmenar.

Reconocer que nunca
tuve huevos para decirte

el modo en que mirabas a la cámara
en la fotografía en blanco y negro
que tenías en la estantería,
junto a tantos libros pendientes,
me hacía arder.

gijón.diciembre2011

sábado, enero 21

Y todas las banderas

Pasarán las estaciones
y en tu cuerpo frágil,
como un viento suave
que silba entre las almenas,
se posarán al atardecer
cientos de pájaros felices.

Quizás desnuda
recorrerás febrero.

Entonces, en los espejos de la ciudad
en los que permanece tu ausencia,
yo buscaré la lluvia.
Y todas las maneras de decir.
Y todas las banderas.


en la cocina.hoy.

sábado, octubre 15

Un febrero de cualquier año


Se trata de ver
ciertas fotografías
y no sentirse extraño.
Decantar en el fondo,
con suavidad,
la tristeza y una cierta dosis
de aburrimiento.
Dormir doce o trece horas seguidas.
Levantarse cuando el mundo
ya está de vuelta.
Activar el resorte preciso.
Poner en marcha la máquina,
el prodigio.
Ahuyentar el miedo
con gritos aterradores.
Recordarte con aquel vestido azul.
O desnuda.
Permitir que resurja
de sus cenizas
el mes de febrero
de cualquier año.

cimavilla.agosto2011

viernes, agosto 5

Mira que eres tonta

Mira que eres tonta, tú, que fuiste lo mejor de un tiempo feo y en este ni los mensajes respondes, aquel los dos tirados en el suelo del salón muertos de la risa y muertos y este de canciones eléctricas, de manuales de comportamiento y de manzanas que se comen a media tarde, aquel de lunares coordenadas, las dos noches reversibles a las que cien veces en este para hacérmelo vuelvo a hacerlo, vuelvo, aquel un coche destartalado del mismo color que las palabras rescatadas, tres camas ajenas, cerca del riesgo, funámbulos, lejos, lejos los dos cada vez más lejos o ciertos los trece teléfonos que te debo, cierta una estación de autobuses en el instante en que se apagan las luces, cierto el reino pendiente, las palabras rescatadas del polvo sobre los poemas para hacerse imborrables, innombrables, imprecisas, las palabras que buscábamos, las decimos y no dan miedo, viejos, viejos los dos cada vez más viejos, si no quieres venir, ruge el estadio, si no quieres venirte, cuentista, qué cuentas, en mi boca, los novios despechados cenando en restaurantes oscuros de menú del día a nueve, la frontera como excusa, la cadera rota a las tantas de la madrugada, ven, el insomnio de la siesta, ven, el primer piso y, antes, las escaleras, después el rincón de la cocina al final de la encimera contra la puerta de cristal tan frío, ven, no me digas que a y cuarto si puedes a y diez, pero mira que eres tonta, tú, que todo lo recuerdo, no te olvides, mira.

gijón.junio2011

viernes, junio 24

Hoy

Hoy quería escribir algo sobre ti
y sobre lo difícil que resulta en ocasiones
soportar la ausencia y los recuerdos.
De como en algunas palabras
reside la magia que convoca
a otras palabras
y, en estas, a otras y así,
sucesivamente encadenadas,
no en la formación de frases
con sentido o con más de un significado,
los renglones torcidos o
aquello que dejamos escrito
entre una línea y la siguiente,
simplemente palabras individuales
como personas,
como tú y como yo,
llenas de anclajes
donde sujetarse otras,
donde agarrarnos nosotros
sin importar tan siquiera el idioma,
sonidos no sometidos a lenguaje
que ya pronunciaban las gentes antiguas
y que,
multiplicados mil veces a lo largo de siglos
en el aire,
en el papel,
en las pantallas de luz,
a nosotros,
o al menos a mí,
me sirven
para pensarte.

gijón.lunes.

domingo, abril 3

Donde creía podía estar tu corazón

He vuelto a aquellas calles,
después de tantos años,
al sonido incandescente de tu risa
con un par de cervezas,
a tu mirada esquiva,
a tus manos pequeñas,
espadas y pluma.
Tantos años después a las calles
que siempre decías mías
y a los cien ruidos distintos de la ciudad
y de la noche.

Recuerdo junio.
Recuerdo diciembre y tu risa
antes de la cuarta, cuando sin avisar
salías corriendo.

Después yo te alcanzaba disneico.
¿Pagaste?, decías.
Ni modo.

Ni modo.
¿De dónde sacaste esa respuesta?

De aquí dentro.

Y colocaba el dedo índice sobre tu pecho,
donde creía podía estar tu corazón.

cimadevilla.abril2011

días

cuadernos