Las marcas que el sol deja en tu piel
después de pasar la tarde en la playa
podrían ser una
fotografía en blanco y negro
del Cantábrico al atardecer.
La
cuesta,
como una lengua de
piedra, está
llena de tipos que beben cerveza
y se sienten inmortales.
Creen que el otoño
no va a alcanzar la ciudad.
Te digo voy a dejar
de escribir.
Unos meses. Unos años, quizás.
Dedicaré el tiempo
a nadar,
a llevar al niño en hombros,
a leer un libro o dos cada semana.
Podemos cambiar
de
sitio los muebles,
Cocinar con la
radio encendida
mientras se hace de noche.
Llegar en bicicleta
hasta el mar.
Despertar al amanecer
y, después de besarte,
desayunar juntos y decidir
qué vida vamos a tener.
cimadevilla.enero2007.septiembre2014.













