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viernes, octubre 3

Doméstica cuarta. A modo de despedida.


Las marcas que el sol deja en tu piel
después de pasar la tarde en la playa
podrían ser una fotografía en blanco y negro
del Cantábrico al atardecer.

La cuesta,
como una lengua de piedra, está
llena de tipos que beben cerveza
y se sienten inmortales.
Creen que el otoño
no va a alcanzar la ciudad.

Te digo voy a dejar de escribir.
Unos meses. Unos años, quizás.
Dedicaré el tiempo a nadar,
a llevar al niño en hombros,
a leer un libro o dos cada semana.
Podemos cambiar de sitio los muebles,
Cocinar con la radio encendida
mientras se hace de noche.
Llegar en bicicleta hasta el mar.

Despertar al amanecer
y, después de besarte,
desayunar juntos y decidir
qué vida vamos a tener. 


cimadevilla.enero2007.septiembre2014. 

viernes, septiembre 12

Doméstica segunda

Cuando llegas a casa,
después de trabajar toda la noche,
te desnudas en la penumbra gris
del amanecer
mientras escuchas los coches
que abandonan la calle.
Observas tus tetas en el espejo del baño
antes de abarcarlas con las manos.
Buscas unas bragas limpias y
te pones la camiseta que
dejé tirada en el suelo del baño
antes de ducharme.
Llamas a tu madre, que responde
triste al otro lado del teléfono.
Te conformas con los dos dedos
del café frío que amarga
en el fondo de la cafetera.
Lloras en silencio una canción,
como para desprenderte
del recuerdo de la noche.
Imaginas que aún fumas.
Tumbada sobre la cama,
sin arroparte siquiera,
te quedas profundamente dormida.

cimavilla.alamanecer.


sábado, agosto 30

¿No puedes quedarte un rato?


A ti no te sucederá
porque no tienes esta sed
ni estos platos sucios,
la casa llena de gatos,
esta mierda en los pulmones
que no sé cómo se llama,
ni estos huesos roídos
o el horizonte de la ventana
velado por el hormigón.

Pero yo me voy a morir
dentro de esta casa,
cualquier mañana de las siguientes
y será pronto.
Cuando mi estómago no soporte
más vino
ni mis pulmones más aire,
ni mis ojos más tristeza.

¿No puedes quedarte un rato?

enundomicilio.enero2014

domingo, agosto 24

Doméstica primera







Unas manos
para crear horizontes
o para fregar platos.

Voy a quedarme en la ciudad
para que le crezcan raíces.
Aunque eso le convierta en alguien
tan diferente a mí,
que no tengo. 

encasa.díasdespuésderegresardeunviaje. 

domingo, agosto 10

Montevideo y ciertas calles


 

Rumor de cosas pequeñas,
de ratones haciendo su nido
en el desván,
la lámpara de globo encendida,
una canción en lugar de un adiós,
las mañanas de verano
tan limpias,
la siesta con las ventanas abiertas,
comer chocolate usando los dedos,
un paseo en bicicleta,
un concierto cerca del mar.

Al verte desnuda y dormida
encima de la cama,
recordé Montevideo y ciertas calles,
el rumor de cosas pequeñas,
los plátanos desprendiéndose
de las primeras hojas de febrero,
unos pendientes,
el coche de madera que eligió entre risas,
un litro de leche,
los columpios heridos por la herrumbre,
la canción de notevagustar
que sonaba en los altavoces
del aeropuerto.

Fue al ver tu cuerpo desnudo
(que se erizó como preparándose
para la batalla)
que recordé Montevideo y ciertas calles
dibujadas en las páginas de un libro
pocos días antes de regresar a casa. 

parís.noviembre2013. 

domingo, agosto 3

No existe tu nombre








No existen los martes,
no existe el dolor,
ni la melancolía.

No existes tú,
ni tan siquiera nosotros,
el mar o lo que en él anida,
la algarabía de la fiesta
o las lágrimas,
los coches aparcados en doble fila.

No existe tu nombre.
No sé cómo llamarte.
Las cadenas,
el lápiz, los arañazos,
acostarme contigo,
aunque lo haga con otras.

No existe el frío,
el otoño,
las dudas,
la resistencia del gatillo.

No existe un final,
no existe
tu rostro cuando duermes,
ni las dos palabras
con que te maldigo.

cimadevilla.junio2014

viernes, julio 18

La tristeza que la ciudad arroja en los tejados





Estoy alentando un bárbaro.
Me doy cuenta con el paso de los días
en tus ojos, en tu sed, en tus mandíbulas.
Al caer la noche adopta las cien formas
del dolor o de la vida (si fueran banderas distintas).
Tiene el pecho en llamas, la barba entrecana,
el vientre palpitante de batracio
atravesado de cabo a rabo por una herida.
No atiende a razones. Se desespera.
Anuncia a gritos su marcha. Después se queda.
No quiere ser visto. Corre descalzo por la playa.
Regresa empapado en sudor y en lágrimas.
Usa palabras extrañas. Las susurra. A veces
se retuerce en muecas y posturas dolorosas
que provocarían la risa si no provocaran miedo.
Llora como un niño. Se enfada,
se arrepiente, se enfada. Camina en círculos.
No encuentra salida. De pie frente a la ventana
observa la tristeza que la ciudad arroja en los tejados,
la sangre que, sobre el cielo, el sol derrama.
En voz baja repite te amo, te amo, te amo.
Durante horas.

frentealaventana.ayer.

viernes, junio 20

El afán, la dulzura y tus ojos





De espaldas al mismo mar,
la distancia dejó de doler hace tiempo.
No recuerdo.
El afán, la dulzura y tus ojos
permanecen.
Como permanece el salitre
en la arena húmeda
cuando las olas se retiran
gobernadas por la marea.

El resto se ha perdido. 

gijón.ayeroantesdeayer. 

viernes, junio 6

Las palabras son cosas pesadas



Ella dijo tengo el invierno metido dentro
y se hizo un silencio incómodo.
De nada sirvió que la casa
estuviera llena de libros
o que quedaran tantas cartas escritas
pendientes de enviar y sin leer.
Yo te quise lo más fuerte que pude,
con los ojos cerrados y los puños dispuestos.
Me hubiera partido la cara con cualquiera
a sabiendas de que cualquiera
me la hubiera partido; pero
para escribir un poema o para
dormir tranquilo,
hay que excavar muy hondo en la tierra,
hasta que duelan las uñas.
Las palabras son cosas pesadas.
Si los pájaros hablaran, no podrían volar.
Lo dijeron en la televisión y nosotros
permanecimos en silencio. 

cimavilla.mayo2014

 

domingo, mayo 4

Conversaciones de ascensor



Debería haberme afeitado
para no tener este aspecto
de rey destronado por la primavera,
con rinitis, dolor de espalda y, en los párpados,
esa tristeza leve que se posa
en las estanterías cuando amanece y
los sueños quedan prendidos en la almohada
o dibujados (apenas unos trazos)
en las sombras de un cuerpo
desnudo y desconocido
que no me atrevo a besar.

Dan lluvia para el fin de semana.
No termina de marcharse el invierno.
Conversaciones de ascensor
que se nos han metido dentro de casa. 

cimavilla.antesdemásaviones 

viernes, abril 25

Niño vándalo feliz




Niño vándalo feliz
con risa que hace temblar ciudades.
A los monstruos mirada fija
y patada en el culo.
Los lunes, los martes, los miércoles,
una carrera desde aquí hasta la esquina
cuando el semáforo se ponga verde.

Dices te echaba de menos y quiero
que estés aquí conmigo.
Digo me gustaría llorar como tú,
lágrimas dulces de lluvia,
los jueves, los viernes, los sábados.

Y que te crezcan raíces profundas
para que, cuando te marches,
sepas volver al lugar en mis hombros
que es tuyo.
Cualquier día de la semana.
También los domingos. 

gijón.febrero2014. 

viernes, abril 11

El mar



Recuerdo las tardes
en las que te esperaba con
los ojos cerrados, las manos abiertas
(raíces que crecían en tu cuerpo),
los pies cansados y la tristeza
(mantenla a raya, siempre decías),

el miedo que me persigue
desde hace años como un caballo
en llamas, el fracaso, la duda, la suerte
que se marchaba entre risas
(y nosotros dormidos),
la nueve milímetros escondida
en el bolso del abrigo,
las fotos que te dejabas hacer desnuda,
el mapa del metro de Madrid,
un grito, seis taxis en la parada,
las pantallas fundidas de televisores
apagados,
una bolsa de deporte colmada de libros,
el escenario de tus lágrimas cuando
le dijiste que ya no le querías,
la abstinencia, la pereza, el último
avión con destino al mar.

El mar, por encima de todo lo demás,
y una ciudad dormida (bajo la lluvia).

cimadevilla.febrero2014

viernes, marzo 28

Dije tu nombre



La carne aterida.
Las sirenas aúllan en las esquinas
o bajo los soportales.
La noche, como el vientre
saciado de un dragón dormido
o la pantalla del comecocos,
si los taxis te persiguen
como fantasmas. 
Entraste en la sala de espera
aferrada a un dolor y a un hipnótico. 
Dije tu nombre.
Te rogué basta.
Te pedí paciencia. 
Lloraste tendida en el suelo. 
Porque no te atrevías a abrazarme
confesaste después en la comisaría. 
gijón.agosto2013.demadrugada.

viernes, marzo 21

Nacho Vegas


miércoles, marzo 12

memoriasdelnapalm


Los científicos crearon un jabón hecho de polvo de aluminio, naftalina y palmitato, de ahí el nombre de Napalm, y lo mezclaron con gasolina.
El resultado era una especie de brea gelatinosa que se quemaba
más lentamente que la gasolina normal.


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