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viernes, febrero 3

El sonido de un acordeón

Cuando ya no quede de esta ciudad más que el viento que recorre sus calles desiertas durante la madrugada, en algún otro lugar, a cientos de días de lo que ahora somos, quedarán nuestras manos, las cuatro, y el sonido de un acordeón y un par de cervezas. 

No lo creo, contestó ella. No quedará nada.

gijón.enero2010.

martes, diciembre 22

Praga

praga.septiembre2009

viernes, julio 17

Madrid

madrid.marzo2009

lunes, noviembre 17

Música en el pabellón del hospital


The Lying-in Hospital abrió sus puertas en el Northside de Dublín en el año mil setecientos cincuenta y siete para atender durante el embarazo y el parto a las mujeres pobres de la ciudad. En uno de los pabellones, de planta circular y conocido por ello como “the rotunda”, las mujeres grávidas recibían alimento una vez a la semana. “The rotunda” es hoy el Ambassador Theatre.

Con un retraso de cuarenta minutos, mientras yo aguardaba apoyado en la barra que reposara en el vaso de plástico la segunda pinta de Guinness de la noche, aparecieron en un escenario decorado con dos enormes rosas de neón Ryan Adams y The Cardinals. El primero, guitarra eléctrica, órgano Hammond y voz, en la mitad izquierda. Los otros: batería, bajo, guitarra eléctrica y pedal steel en la mitad derecha. Dicen de The Cardinals que son ya el engranaje necesario para el genio de Jacksonville. A la altura de The Band con Dylan, de The Heartbreakers con Petty, de La Aristocracia del Barrio con González. Y así lo creo. Atrás quedaron el miedo a la fama de egocéntrico del norteamericano, capaz de dar por concluido un concierto diez minutos después de iniciarlo, el avión perdido camino de Barcelona por culpa de un barco que no zarpó a tiempo del puerto de Formentera, el helor en la ribera del Liffey, el agua tibia en la ducha de la pensión. Comenzaron a sonar los acordes de Cobwebs, canción del último disco, Cardinology, y a partir de ahí, un repertorio lleno de rock, rock y rock. Escuché Come pick me up y Desire huérfanas de harmónica y con la rabia de estar tan lejos, impresionado por el sonido, la voz y la energía de Ryan Adams (yo no sabía que tocaba la guitarra tan bien; yo no sabía que cantaba tan tan tan bien), la presencia precisa de The Cardinals, Two, la frialdad del público dublinés, maniquíes británicos, Let it ride, la curiosa manía de Adams de ponerse y quitarse la chaqueta con cada cambio de guitarra y así tocar con americana la Stratocaster y en mangas de camisa la Rickembaker, If I am a stranger, la decoración decadente y desconchada del teatro, Cold Roses, el precio desmesurado de las camisetas conmemorativas de la gira, Goodnight Rose, el sabor de la tercera pinta de Guinness y las canciones de Cardinology, que escuchadas en casa no decían nada, planas como un plato de sopa fría, y en directo ponen la piel de gallina. Un bis de seis temas que se hizo esperar y un final de Ryan Adams y el Hammond a solas en el escenario sin más luz que el neón de las rosas y Stop. Ryan Adams, Ryan Adams, Don Ryan Adams.

Mientras aguardábamos en la cola el turno para recoger el abrigo, la bufanda, el gorro y los guantes colgados en el ropero, a nuestro lado un tipo con cuatro pizzas en las manos pedía paso a los seguratas guardianes de las escaleras que conducían a los camerinos. Sí señor: The Cardinals se habían ganado la cena.

dublín.noviembre2008

lunes, abril 14

San Francisco

iglesia.sanfrancisco.abril2008

lunes, marzo 17

Valencia


pasa-tiempo.valencia.marzo2008

lunes, marzo 10

el imaginario de tu felicidad

Siento el vértigo de no tener escrita ni una sola palabra nueva y la lluvia que apareció por sorpresa en las esquinas y en la noche de diciembre, ciudad medio dormida, pensó mientras liaba el cigarrillo de la madrugada insomne y queda, y escupía en voz baja y por encima del hombro derecho la hebra de tabaco que siempre quedaba presa en algún hueco entre los dientes. Siento vértigo y no sé qué palabras usar para escribirlo. Algún reloj en alguna cabina de teléfono iluminada, enmohecida y abandonada marca las tres menos diez de la madrugada y no tengo sueño, no tengo hambre, no tengo miedo. Sonrió y pensó en su pelo rizado cuando dejaba que lo secara el aire, las estrías en la parte externa de sus pechos cuando los acariciaba con la yema de tres dedos, índice, corazón, anular, en silencio con la devoción de un creyente. Índice, corazón y anular hacían ruido. Voy a mirar más allá de tu ombligo, el vientre que es marea y luces del puerto. ¿Cuántas mesas del bar tienen escrito un nombre como el tuyo? Olvido el ruido, olvido su olor, a qué sabe el líquido transparente que se remansa en los pliegues de su sexo. Joder, la primera calada siempre duele. Acre el paladar. Un plato pierde el equilibrio en la pirámide torpe de los cacharros fregados en la cocina y amenaza el silencio. La noche se detiene un instante que merece, piensa, ser vivido. Si la tregua del sueño me lo permite, mañana temprano debería acercarme a la ciudad. Debería. Soy un coche aparcado que hace meses nadie conduce, cien libros cubiertos de polvo. Fernando escribió para ella, que forma parte del imaginario de tu felicidad. Yo recuerdo palabras e imagino estar en otros lugares que ya habité. Dime, ¿alguna vez lo hiciste con otro como lo haces conmigo? Yo fumo un cigarrillo para tener en la boca el sabor de tu boca. Hiedra los cuerpos en el sofá tumbados. Posas tu brazo en mi cadera y me clavas el codo sin dejar de leer almudena grandes. Protesto y sonríes. Te levantas y al rato regresas con un pedazo de queso entre los dientes. Cada palabra que escribo en este papel ya estuvo escrita antes en tu piel. Si son las diez de la noche enciendo la calefacción y te desnudo despacio bajo las mantas. Lo que recuerdo con mayor viveza del accidente es el olor de la gasolina. Después ellos se hicieron viejos y buscaron nuestros cuerpos al atardecer en el faro de barbaria.

pasa-tiempo.gijón.marzo2008

jueves, marzo 6

Marieta

Nadie vive enfrente desde hace años. La casa está vacía, los cuadros resisten colgados, las lámparas envejecen dormidas. Algunas noches sueño en idiomas que desconozco, apenas un par de palabras entiendo, si hablas despacio, Marieta, como hacías las tardes de verano. Las tardes de aquel verano. Algunas noches sueño que ocupo el hueco de mi cuerpo. Buceas. Apareces a mis espaldas, acechante, y me abrazas, Marieta, me abrazabas. Esta noche cenas con tus primos en casa de Rosa. No me preguntas. Sabes que no quiero ir.

pasa-tiempo.arévalo.marzo2008

miércoles, febrero 27

Gijón

noquin noquin noquin.gijon.febrero2008


Aunque los contemplemos noche y día
escribir sobre tigres nunca es fácil.
Eugenio Montejo, Tigres

viernes, enero 18

Ibiza

frío.calamolí.enero2008

jueves, abril 19

Gijón

lafotoquemerobóvalen.gijón.septiembre2005

martes, marzo 20

Coimbra

coimbra.abril2000

ven a buscarme / sácame de aquí / déjame bien jodido / róbame los discos / tírate a todos mis amigos / son una mierda / con una sonrisa en el rostro / hazlo otra vez / ojalá lo hicieras
ryan adams (come pick me up)

días

cuadernos