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sábado, diciembre 23

Epílogo

Ese tipo extraño
de la calle Rosario
viste siempre de negro,
lleva gafas de sol
aunque esté nublado,
toma café en la misma mesa
de los mismos bares
y pasea descalzo
por el espolón
los días de tormenta,
sin importarle lo que digan.
A menudo le acompañan
mujeres misteriosas y lindas
de pelo corto moreno
o larga melena rubia,
brazos tatuados
con peces japoneses
o versos, el escote
preciso, el culo pequeño,
las piernas largas.


Nadie sabe cuándo
llegó ese tipo extraño
de la calle Rosario,
ni a qué se dedica.
Unos dicen que es escritor;
otros, proxeneta.


Quizá alguien, algún día,
debería reunir el valor
suficiente para preguntarle
en qué gasta sus días,
aunque responder
le convierta en alguien real y
deje de ser posible.


Será mejor estarse quieto,
cajón de sastre
de nuestras dudas.


Cuando no sepas la respuesta,
confórmate.
O pregúntale a ese extraño
tipo de la calle Rosario.

domingo, diciembre 10

Birlibirloque

De pronto te veo, estás,
vuelves sin avisar de lugares
a los que nunca te has ido,
una gota de sudor que
desciende lentamente
entre tus escápulas,
el horizonte inclinado en una fotografía
hecha desde el mar, las manos frías
prestas para el fuego, estirar las letras
para construir con ellas
un cuerpo como el tuyo,
colocarlo en un rincón del salón
y mirarte cuando no te veo.

De pronto hago que aparezcas,
arte de birlibirloque o repetir
palabras para que no se pierdan,
la cadencia de tus pasos lentos,
crujir de los listones de madera
que visten el suelo, tensa en exceso
la cuerda del acróbata, la puerta vencida
que se cierra con quejido de óxido,
el papel del periódico de ayer
que secará mis lágrimas,
flores azules en el arcén de la carretera
que lleva al puerto de San Esteban,
luna llena que tiembla y se desintegra
como lo hizo la Estrella de la Muerte
cuando la atacaron los rebeldes,
la ciudad a oscuras y tú,
por ahí,
brillando.

viernes, noviembre 24

Te debo

Detenido en este amor
desencajado, a tumba abierta,
tirado en el arcén,
quebrado.
Demasiado libre
para ser sincero,
demasiado capaz
para estar roto.

Te debo
un par de poemas
y una botella de vino.

Te debo algunos
de mis mejores días.

sábado, noviembre 18

Frejulfe

Una tarde estuvimos
en la playa de Frejulfe.
Las olas batían la orilla
empujadas por la marea
creciente. Te agarré
por el talle y
me besaste.
Mi lengua batía
la orilla de tu boca.
Los aviones surcaban
el cielo y las estelas
de condensación,
que la ausencia de viento
mantenía detenidas
durante minutos,
se cruzaban al azar.


Aquella tarde, igual
que hoy, no había
en el cielo
una sola nube.

domingo, octubre 29

La chica de los ojos color cerveza

Yo he visto
como gobernabas
con las manos
bandadas de estorninos
que mandabas a volar
al cielo encendido
del atardecer
sobre los escombros
de los astilleros.
Y surcaban el aire
a tu capricho,
primero aquí
después allá,
hasta posarse
en las cornisas de los tejados
y en las vigas desnudas
que permanecieron en pie
cuando las excavadoras
lo arrasaron todo.


Yo he visto como,
después de la fiesta
en la azotea,
lanzabas a la noche
copas de cristal vacías
que llenaron la calle
de cristales y convirtieron
el silencio de la madrugada
en una colección de gritos,
protestas, encender de luces,
persianas alzadas,
preguntas y entonces
tu risa, los brazos extendidos,
las manos abiertas
para convocar a las gaviotas
que, detenidas frente a los
acantilados,
acudieron a tu llamada
desde el mar.

sábado, octubre 21

A salvo del mundo

Sobre la mesa de la cocina,
rodeada de migas,
una caja de antibióticos
para la infección de muelas.
La luz
del amanecer
que atraviesa el cielo
enmarcado por el alero
de los tejados
del patio interior.
El olor a pan.
El recuerdo de una tarde
encerrados en una habitación
de hotel, a salvo del mundo.
O de la tormenta.
Las palabras que perdieron
su peso.
Los lugares de tu cuerpo
que me empeño
en memorizar
cuando cierro los ojos
y las yemas de mis dedos
se mueven libres sobre la mesa,
esquivando migas,
surcan las vetas
de la madera rugosa
donde anoche
cortaba queso,
descienden la pared de azulejos
aún fríos y se detienen
en el cristal de la ventana
mientras fuera
comienza a llover.

domingo, septiembre 3

Los paisajes de noviembre

Amo una ciudad
que se extiende
en mi memoria,
una ciudad que tiene
tus ojos y mira
al mar. 
 
Amo una ciudad
del mismo modo
en que amo
los paisajes
de noviembre,
con esa cierta
dosis de indolencia
necesaria para
sobrevivir con dignidad.
Llámalo,
si prefieres,
hacerse el tonto.

sábado, agosto 12

Tus piernas rocanrol

Cuando no seamos nada
y entre tú y yo
habite el silencio
y se levante el olvido
(o al revés),
una tarde de invierno, de éste
o del siguiente, quién sabe,
pararé el motor del coche
frente a los acantilados
y, al ritmo incansable
del limpiaparabrisas,
diré la letra
que te nombra 
recordaré
tus piernas rocanrol
y las tres veces que escribiste
que me echabas de menos.

domingo, agosto 6

Dicen que has vuelto

Dicen que has vuelto,
que han visto el viejo
Mercedes rojo
aparcado donde solías,
la luz de la casa
encendida,
la ropa tendida en el patio,
el agua goteando
en las macetas.
Dicen que huele otra vez
a pan y a sarmiento
en la ventana de tu cocina
(después de hacer el amor
olías a pan. Eso
no lo voy a olvidar
mientras viva).

Dicen que has vuelto,
que sobre el murmullo
en sordina en los bares
se escucha de nuevo
tu nombre y
hacen cola,
vestidos de fiesta,
los pretendientes
que tenías y se les ve
nerviosos y alegres,
todos creyéndose
el elegido.

Dicen que vuelven
los chavales del barrio
a espiarte,
subidos al muro,
mientras te duchas,
y te critican con descaro
las mujeres
a la salida del Lidl.

Dicen que has vuelto.
Juran haberte visto
en la calle Rosario
a mediodía,
ya ves,
cerca quizás
del portal en el que,
después de besarme,
dijiste que te largabas.
Y yo con dos billetes
de bus al sur en el bolsillo.

Dicen que has vuelto,
como si nada.

Lo que no saben,
imbéciles,
es que no te fuiste nunca.

domingo, julio 30

Una jodida y brillante estrella de rock

Yo no persigo
ser un poeta triste
en busca de su voz
y su generación.
Yo quiero ser
una estrella de rock,
una jodida y brillante
estrella de rock
sin talento,
sin coraje,
sin ganas apenas de
comerme el mundo
o de triunfar;
lleno de rabia,
justo de certezas;
pero con la actitud precisa
para caminar por la ciudad
con las manos en los bolsillos,
la cabeza agachada
y media sonrisa en los labios.

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