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domingo, diciembre 3

Aunque la lluvia

No recuerdo otro cuerpo como el tuyo,
otra voz, otra mañana.
Las voces lejanas de la calle
y el olor del mar que me aplacaba.
No recuerdo otro instante
de sosiego. Mi corazón en calma.
Aunque la lluvia,
aunque la suerte pendiente.
Planear un viaje. Releer un libro.
Otra vida no recuerdo.

miércoles, julio 19

Marcho a recoger la lluvia

Marcho
a recoger la lluvia,
a imaginarte
en lugares
en los que nunca has estado,
a verte desnuda
y mis manos,

a pensar un futuro
que arde,
una noche certera,
una ciudad abierta
de azoteas vacías,
sucias de ceniza
y bolsas de plástico
que el viento baila,
de calles estrechas
en las que se escucha
el rumor continuo
del mar
y tus ojos.

martes, julio 11

Es cierto el incendio

Es cierto el incendio.
Y es cierta la noche,
me dices.
Pongo encima de la mesa
los tiques arrugados
que se acumulan
en mis bolsillos.
Me gustaría escribir
de otra manera,
te digo,

palabras que sean queroseno
para apagar el incendio,
frío con el que iluminar
la noche.

lunes, junio 26

Maravilloso yonqui salvaje

Tú, que fuiste
un maravilloso
yonqui salvaje
y te reías de la vida
que yo llevaba
y buscabas la paz
y buscabas la rabia,
dejas escrito
en el teléfono
no sé muy bien
lo que estoy haciendo
y crecerá
en mis manos
un vacío
más pequeño
que tu cuerpo
dolorido,
que no voy a ser
capaz, no quiero
llenar. 

miércoles, junio 21

Ver aviones despegar

Sé muy bien
cómo resistir el asedio
y fingir
que no sucede nada,
mantener a raya
las ganas de acariciarte
por el cuello,
aunque se caigan los balcones,
escuchar impasible
la letra de ciertas canciones,
ver aviones despegar,
mirar por la ventana
mientras friegas,
repetir un número
incalculable de veces
al día: todo está bien,
todo está bien,
todo va a estar bien.

Y sentir que ha llegado ya
ese (puto) momento
en el que, a pesar de todo,
prefiero que te vayas.

viernes, junio 9

El día de tu cumpleaños

Hablábamos por teléfono
y me decías, al otro lado,
que estabas borracha.
Yo caminaba
por uno de los parques
de la ciudad.
Un hombre se afanaba
en cepillar el lomo de su perro
junto a la fuente. Un niño
conseguía, al fin,
mantener el equilibrio
sobre la bicicleta.
Yo observaba todo en silencio:
el tráfico, el cielo lleno de nubes,
las manos de la ciudad
abiertas a la tarde.
Y pensaba en ti,
escuchaba tu risa y
lo que me contabas,
todo lo que te estaba sucediendo
en el día de tu cumpleaños.
Me entretuve en observar
el vaivén de las puntas
de mis botas al caminar.
Te dije que te echaba de menos.

Y te volviste a reír.

martes, mayo 30

Todos los nombres que usaste para que no doliera

He visto como te derrumbabas
al caer la noche
y renacías escuchando
durante horas
el mismo disco de Bon Iver.
Abrías el frigorífico,
pelabas la fruta y la comías
sin ganas,
acto simple de alimentarse,
función primaria.
Subías a la azotea.
Detenida sobre los cables,
debajo de un cielo azul
pintado a brochazos de nubes,
sin esfuerzo

dejabas que el viento
te despeinara y lo sentías
como una caricia.
Armabas el futuro
con el gesto simple de cerrar
los ojos.
Repetías en voz baja
uno tras de otro
todos los nombres
que usaste
para que no doliera.

Creíste no dejar pasar una oportunidad.
Y las perdiste todas.

jueves, mayo 18

Como alma que lleva la tristeza

No te voy a mentir,
he estado pensando en ti,
tanto como lo hacía
hace ya unos cuantos años.
Sigo echando de menos
las conversaciones que manteníamos
durante horas en la terraza.
Escuchábamos el ruido
del tráfico en la avenida
y el motor de los aviones
que abandonaban la ciudad
como alma que lleva la tristeza

a otro lugar.

jueves, mayo 4

Sólo somos mar

Sólo somos mar
y la certeza de los días
que no olvidaremos,
el latido de la ciudad
que nos habita,
la respiración agitada
de sentirnos vivos,
las coordenadas precisas
del lugar
en el que nos enamoramos
por vez primera.

Sólo somos mar
porque nuestra piel
está recubierta de una
coraza de salitre
y cuando te beso
siento tan intenso ese sabor
que no puedo evitar
morirme de miedo.

Tú dices iré
pero no basta,
(es el océano quien domina
la tierra y no al revés).
El nordés barre la superficie del mar
hasta alcanzar la orilla.

Me habría desprendido de ti
antes de que la luz del sol
lamiera tus perfiles
si hubiera tenido huevos.  
Y te habría dejado marchar
mientras escuchaba
una y otra vez
quién va a regar el ramo
cuando pare de llover.
Entonces nadaría por las mañanas
para intentar olvidarte
y pasaría las tardes
bebiendo cerveza
y echándote de menos.
Y miraría el mar para verte.
Y miraría el mar.

Sólo somos mar
y amanecer,
la primera página de una novela
de Lobo Antunes, ese momento 
del día en el que nos mentimos
creyéndonos invencibles,
el corazón cansado
de batir,
el grito de un suicida
en mitad de la noche,
un taxi libre al acecho
que recorre lentamente
las avenidas del centro,
los restos del naufragio.

Sólo somos mar
y algunos mapas,
la algarabía de la fiesta,
una película mientras llueve,
el nacimiento de un hijo,
un poema de Karmelo Iribarren
(cualquiera),
el significado preciso
de ciertas palabras.

lunes, abril 10

Historia breve del desencuentro

Ocupo el espacio que dejas.
Me siento donde antes tú
estabas sentada.
Bebo, quizás, de la que fue tu copa.

Mis dedos rastrean
las huellas que dejaron
las yemas de los tuyos
en el lomo de los libros
o en la esquina superior
de las páginas.

En los bares
y en las librerías
de esta ciudad
nos desencontramos.

viernes, marzo 31

Prometo no mostrar piedad

Me preguntaba cómo sería
la curva lenta de sus caderas desnudas
en las que apoyar la palma de mi mano,
el sabor de su sexo dispuesto o
el sonido de su voz ronca
    después,
apenas audible.

Aprenderé a desnudarla.

(Un controlador aéreo decide
    en segundos
qué avión debe aterrizar
y cuál partir).

Y no pienso moverme.
Pondré cuidado en respirar despacio.
No sabrá de mí nada que no se pregunte.

Pero, si baja la guardia, prometo
no mostrar piedad. 

martes, marzo 21

En la memoria

Tengo en la memoria
la letra de más de doscientas canciones,
cerca de cincuenta goles
y veinte o treinta versos;
pero solo las arrugas que aparecían en tus mejillas
cuando te reías.

Y me basta.

domingo, marzo 12

Declaro

Estoy dispuesto
a mantenerme en pie,
a renunciar al olvido,
a besarte como el primer día.
A descansar en tu regazo
cuando los días duelan


y desvelar todos mis secretos.
A manejar la frustración,
a devolverte, al menos,
la mitad de lo que me has dado.
A largarme para regresar
despacio y en silencio
declaro: estoy dispuesto.

miércoles, marzo 1

Agua las manos

Que duermas a mi lado
llena de fiebre
y de costado en posición fetal
te quejes y tiembles.

Besarte en la frente.

Que me pidas ayuda.

Desprenderme bajo la ducha
de todo lo que me cubre
y está muerto.

Secarme al aire.

Escuchar mi nombre en tu voz.

Te observo mientras te desnudas

y se me hacen agua las manos.

jueves, febrero 9

Te quiero

Te quiero.
Dentro de la luz.
Y en el dolor de estómago
que te despierta de madrugada. O en el lugar
de tu espalda donde la palma de mi mano tiene
su sitio.
A media tarde te quiero
porque todas las chicas guapas
de los libros, todas
las chicas guapas que terminan
abrazando al protagonista
que sufre, lucha y, a menudo,
se comporta como un gilipollas,
tienen tu cara.

Te quiero y lo hago
de un modo extraño,
la mayor parte del tiempo a oscuras,
cuando regalo los libros
que nunca leeré  y persigo
una noche que sea cierta.
O mientras curo las heridas
(que me hice en las manos
al cargar las cajas de la mudanza)
con agua fría y alcohol
para sentir dolor. Para saber
que existe.

Te quiero desarmado. Te quiero,

a veces, lleno de rabia.

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