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domingo, diciembre 18
Permanecer en silencio
A veces solo recordar tu cuerpo. A veces ver una película de madrugada mientras los demás duermen. Conducir en silencio a más de ciento cincuenta kilómetros por hora, atreverme a escribir, mirar por la rendija de la puerta mientras te duchas, escuchar música sin hacer nada más, simplemente escuchar música sentado en el salón, hablar contigo desde la pantalla del ordenador, cenar por el barrio aunque llueva, creer que todo esto sirve para algo, no pensarlo. Café, fruta, pan con aceite, yogur, café después de comer, cinco comidas al día, fruta, mucha fruta, nada de carne, una cerveza o un vino, agua, correr, nadar, caminar, bicicletear, futbolear, leer, escribir, besar, permanecer en silencio.
viernes, octubre 28
La imbecilidad
Existe la noche
y existe el triunfo del otoño,
el barrendero que riega
la calle de madrugada y
me despierta,
la soledad.
Echar de menos a quien
quieres de un modo tan dulce.
El infinito.
La invencibilidad.
viernes, abril 1
Duermen los leones
Duermen los leones
después de hacer el amor
durante días.
Y, para no ser despertados,
se refugian en la jaula de tus manos.
lunes, febrero 22
Y qué
Y
qué, si los coches invaden las calles y quedan
parados
en mitad de los cruces y suenan
las
bocinas y los motores en punto muerto. Un tipo cruza
el
paso de peatones, armado con dos muletas
porque
una férula de metal le abraza la rodilla desde la ingle
hasta
el tobillo. Y un día más no va a llover.
Y
qué, si en este bar el ruido que las tazas limpias
hacen
cuando el camarero las coloca en columnas encima
de
la cafetera y los restos de ginebra que aún conservo
diluidos
en la sangre aguijonean mis sienes y me obligan a cerrar
por
un instante los ojos. Fuerte.
Y
qué, si después de todo, lo único
que
quedará de estos días será subir las escaleras,
salir
a la calle de madrugada, pedirte un cigarrillo que encenderán
otros
y caminar en silencio hasta la parada de taxis, sonriente,
aplacado,
un poco borracho, casi feliz.
sábado, diciembre 12
Desbocado ejercicio de estilo
De todos
modos en el fondo va a dar igual
escribir
en singular o incluirte,
fregar
los platos de la cena, no pensar
en la
estructura del texto, tender la ropa
que se
arruga después de días en la lavadora,
tener la
esperanza de que hoy, al fin, no llueva,
descargar
esa vieja película
en la que
M. enseña las tetas, tan pequeñas,
acordarme
de esa yonqui con la que
me
hubiera ido a la cama cien veces,
dejar de
hacer deporte,
comer
almendras a mediodía,
el menú
del alpinista, creerme distinto,
querer
las mismas cosas que el resto,
apagar el
fuego antes de que el aceite arda,
encontrar
el modo de encenderte.
sábado, noviembre 7
Yo era un país ocupado
Al menos
dos veces al mes desaparecía.
Como los
perros cuando se van de perras.
Regresaba
días después; a veces limpia,
a veces
con ese olor fuerte y penetrante
del sudor
que ha permanecido en la piel
durante
días.
No
hablaba.
Me besaba
en la frente,
se
sentaba en la mesa de la cocina
y
lloraba.
Ésta
nunca ha sido una casa de preguntas.
Yo era un
país ocupado
que
aguardaba en silencio
la
sucesión de los acontecimientos.
Detenía
mi rutina.
Los días
que pasaba solo eran mucho peores
que los
días en que ella regresaba.
Así era
mi dependencia, mi rendición.
Siempre
llegaba el momento en que me abrazaba
por la
espalda, fuerte,
y nos
quedábamos así,
inmóviles
hasta que su respiración reposaba.
Yo me
dejaba hacer. Ella no me soltaba.
No
volverá a suceder, decía.
No
volverá a suceder.
Y yo me
dejaba.
jueves, septiembre 17
No sabes el bien que me hace
Descubrí
que la palabra francesa para decir mapa es carte.
Y me
pareció más acertada que la española.
Carte
para nombrar el dibujo a escala de un pedazo de tierra.
Desde
entonces he decidido enviarte mapas por correo postal.
De los
lugares en los que me encuentro,
con
puntos rojos cuya leyenda sea: yo estoy aquí.
(No sabes
el bien que me hace).
De las
ciudades en las que duermo, con un punto azul:
en esta
esquina hay un café. Me senté en una de las mesas del fondo
y te
estuve esperando, hasta que cerraron a medianoche.
De las
fronteras que atravieso, subrayadas en verde,
como a
veces atravesaba tu ropa, tanta en invierno,
para
refugiarme en tu cuerpo.
viernes, agosto 7
Otra historia de amor
La pangea
como esta historia de amor y después
la
creación de los continentes
por
acción del movimiento imparable
de las
capas que conforman la corteza terrestre.
Y
nosotros ahí, mirándonos a los ojos,
yo, con
los pies hundidos en la arena de alguna playa
cercana a
Natal, tú,
en alguno
de los barrios de la periferia en Douala.
viernes, julio 10
Te recuerdo temblar
Si abro las manos, nada lo detiene.
Se eleva hasta confundirse con el cielo.
Avanza. Por momentos me recuerda
a la catedral de tu cuerpo
o a la temperatura del acero
que aún no ha penetrado en la carne.
Esta obsesión,
este miedo a los espejos
no se detiene con los años.
Te recuerdo temblar. Te recuerdo,
asustada, decirme lo siento.
Fueron los años del deslumbramiento.
Después te hiciste fuerte.
Aprendiste a silenciarnos.
Con el simple gesto de extender
los brazos y las manos hacia delante.
Cerrabas los ojos.
Los pies firmes plantados en el suelo.
Y sonreías frente al mar en calma.
La ciudad, sin saber por qué,
se detenía.
Y yo te amaba.
Se eleva hasta confundirse con el cielo.
Avanza. Por momentos me recuerda
a la catedral de tu cuerpo
o a la temperatura del acero
que aún no ha penetrado en la carne.
Esta obsesión,
este miedo a los espejos
no se detiene con los años.
Te recuerdo temblar. Te recuerdo,
asustada, decirme lo siento.
Fueron los años del deslumbramiento.
Después te hiciste fuerte.
Aprendiste a silenciarnos.
Con el simple gesto de extender
los brazos y las manos hacia delante.
Cerrabas los ojos.
Los pies firmes plantados en el suelo.
Y sonreías frente al mar en calma.
La ciudad, sin saber por qué,
se detenía.
Y yo te amaba.
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