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miércoles, enero 4

Propósitos #3

Temblar.
Hacer todo un poco más lento.
Verte desnuda.
Permanecer desinformado.
Leer las palabras que escriben
las personas bellas.
Inventar una historia.
Mentir.
Escucharte.
Disimular. 
Hojear la prensa en los bares. 
Venerar el silencio. A veces
la tristeza.
Regalar la ropa, si no me hace
sentir bien.

sábado, diciembre 31

jueves, agosto 4

Hago una lista

Hago una lista de las cosas importantes.

Hago una lista de los lugares
que para mí
son importantes.

Hago una lista de los momentos
más importantes.

Hago una lista de las personas importantes.

Y no me miento.

martes, mayo 10

La palabra que me enseñaste

Te pienso.
Luego está todo lo demás, que tampoco
tiene demasiada importancia:

el despertador aún de madrugada,
la lluvia en la uralita,
el pan duro y el dolor de piernas.

Te pienso. Y luego
está todo lo demás, que tampoco tiene
demasiada importancia:

la memoria inasible de tus manos,
que vuelven sobre mí
cuando menos las espero

(mientras hablo con la chica del banco,
si me siento a intentar ponerle fin
a la decena de poemas que no puedo
terminar desde hace años,

cuando pronuncio en voz baja la palabra que me enseñaste).

jueves, noviembre 26

Pizarra


Hay flores pintadas con tiza en la cocina.
El tacto irreal de tu cuerpo es la pizarra,
como si en la yema de mis dedos
hubiera quedado anclada para siempre
la memoria de tu tacto.

Toco la superficie de la mesa
y te recuerdo. Toco las paredes rugosas
de la casa que te nombran.

Arrastro las gotas de rocío que la noche
depositó en las ventanas mientras
te alejas, calle abajo,
abres la puerta del coche,
enciendes el motor.

Y desapareces al doblar la esquina, camino del trabajo,
sin saber que te observo.

miércoles, noviembre 18

Después llegó septiembre


Albergabas en tu cuerpo ejércitos de amaneceres
y la tristeza de marfil de los pianos.
Quejosa, a veces. A veces sin tiento.
Cuando te marchabas, dejando un zumbido
de tungsteno incandescente, yo me sentaba a escribir,
creyéndome capaz de amarrarte
con palabras de grafito.

Imbécil.

Apagaba la luz pero el zumbido no cesaba,
tan dentro lo tenía; anudado en las tripas,
apretaba fuerte. De pie, me dolía la espalda;
tumbado, el pecho.

Escuchaba a todas horas un disco en directo
de Band of Horses que me aplacaba las ganas
hasta hacerme llorar.

Quién era yo en aquellos días... ni puta.
Agotado. Enfermo. Cobarde. De tan perdido, llegué a creer
que formaba parte de ti.

Después llegó septiembre y me hiciste saber
que no había sido otra cosa
que un espectador afortunado.

martes, julio 21

Pasaban trenes



Y de pronto uno entiende que vivir no es lo importante,
que el peso de lo que hemos sido y de lo que somos
se reparte en ciertos mapas, en otros paisajes,
en algunos de los horizontes que forman parte
de la memoria, de las tardes de verano que terminaban
por ahogarse en las piscinas,
de los partidos de fútbol que acababan cuando
se hacía de noche o cuando la madre del bueno
se acercaba a la banda y le gritaba nos vamos
para casa y entonces para qué seguir jugando si nada
de lo que ocurriera a partir de entonces alcanzaría la categoría
de maravilla o de recuerdo.

Pasaban los trenes, fugaces o atormentados,
al acecho de suicidas a los que conceder la gloria.

Después llegaste tú y tus ojos y tus manos
y tu voz, a veces dulce, a veces tan distante;
pero qué más da, si nos enamoramos tan duro
que lo de antes debía ser de fogueo.
Todo cobró sentido aunque nada lo tenía,
y una tarde, después de ducharte,
decidiste quedarte a mi lado.

Y buscamos otros paisajes, otros horizontes, otros
lunes, otros diciembres lejos de aquella ciudad en la que
todo lo que sucedía ya había sucedido antes,
en la que el cielo del amanecer siempre estaba sucio.

viernes, junio 19

Tú y yo cuando fuimos descanso, anochecer y tierra


A pesar de las nubes que reciben el alba,
del jardinero que riega el asfalto,
de la respiración del mar cuando
se baten las olas, constantemente,
desde mucho antes de que tú y yo
fuéramos, o nuestros padres,
o los padres de nuestros padres.

Tú y yo cuando fuimos descanso, anochecer y tierra.

Y volver,
como vuelvo a Lobo Antunes,
a la plaza del parque,
al café donde desayunamos
después de casarnos, tú y yo
cuando fuimos madera y jipis,
un viaje en moto hasta los acantilados,
aquel abril que nos partió la vida,

tú y yo cuando la reconstruimos. 


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