confieso que en sueños violé
los caminos de tu cuerpo
en la habitación de un hotel
sin agua caliente ni desayuno
sin tú saberlo copié
el juego de llaves de las cancelas
en tus sueños inconfesables
en un parque perdido
en mitad de una ciudad
sin transporte público
vallas publicitarias
ni almanaques
enterré mis revoluciones
la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004
viernes, marzo 28
martes, marzo 25
veintiocho
El viento se hace leyenda cuando el hombre lo nombra. Cierzo, nordeste, levante, tramontana. Abierta la caja de pandora, la tierra se somete al reinado del viento. La tramontana silba, bufa, chilla, grita, se ríe a carcajadas. La más perversa de sus condiciones es que aparece sin previo aviso: un cubo vacío abandonado en la playa que, de pronto, rueda unos pocos metros y se detiene, su aliento invisible al doblar una esquina, una ventana que se abre sin que nadie hubiese olvidado cerrarla. Entonces la tramontana regresa cien noches. Viento que asusta, aturde, araña, descentra, revuelve. Viento que esculpe de nuevo todos los perfiles que encuentra a su paso camino del mar, que remueve tristezas acomodadas, que abre heridas recién restañadas.
diario de puños y catedrales.roses.abril2006
diario de puños y catedrales.roses.abril2006
lunes, marzo 17
lunes, marzo 10
el imaginario de tu felicidad
Siento el vértigo de no tener escrita ni una sola palabra nueva y la lluvia que apareció por sorpresa en las esquinas y en la noche de diciembre, ciudad medio dormida, pensó mientras liaba el cigarrillo de la madrugada insomne y queda, y escupía en voz baja y por encima del hombro derecho la hebra de tabaco que siempre quedaba presa en algún hueco entre los dientes. Siento vértigo y no sé qué palabras usar para escribirlo. Algún reloj en alguna cabina de teléfono iluminada, enmohecida y abandonada marca las tres menos diez de la madrugada y no tengo sueño, no tengo hambre, no tengo miedo. Sonrió y pensó en su pelo rizado cuando dejaba que lo secara el aire, las estrías en la parte externa de sus pechos cuando los acariciaba con la yema de tres dedos, índice, corazón, anular, en silencio con la devoción de un creyente. Índice, corazón y anular hacían ruido. Voy a mirar más allá de tu ombligo, el vientre que es marea y luces del puerto. ¿Cuántas mesas del bar tienen escrito un nombre como el tuyo? Olvido el ruido, olvido su olor, a qué sabe el líquido transparente que se remansa en los pliegues de su sexo. Joder, la primera calada siempre duele. Acre el paladar. Un plato pierde el equilibrio en la pirámide torpe de los cacharros fregados en la cocina y amenaza el silencio. La noche se detiene un instante que merece, piensa, ser vivido. Si la tregua del sueño me lo permite, mañana temprano debería acercarme a la ciudad. Debería. Soy un coche aparcado que hace meses nadie conduce, cien libros cubiertos de polvo. Fernando escribió para ella, que forma parte del imaginario de tu felicidad. Yo recuerdo palabras e imagino estar en otros lugares que ya habité. Dime, ¿alguna vez lo hiciste con otro como lo haces conmigo? Yo fumo un cigarrillo para tener en la boca el sabor de tu boca. Hiedra los cuerpos en el sofá tumbados. Posas tu brazo en mi cadera y me clavas el codo sin dejar de leer almudena grandes. Protesto y sonríes. Te levantas y al rato regresas con un pedazo de queso entre los dientes. Cada palabra que escribo en este papel ya estuvo escrita antes en tu piel. Si son las diez de la noche enciendo la calefacción y te desnudo despacio bajo las mantas. Lo que recuerdo con mayor viveza del accidente es el olor de la gasolina. Después ellos se hicieron viejos y buscaron nuestros cuerpos al atardecer en el faro de barbaria.
pasa-tiempo.gijón.marzo2008
pasa-tiempo.gijón.marzo2008
jueves, marzo 6
Marieta
Nadie vive enfrente desde hace años. La casa está vacía, los cuadros resisten colgados, las lámparas envejecen dormidas. Algunas noches sueño en idiomas que desconozco, apenas un par de palabras entiendo, si hablas despacio, Marieta, como hacías las tardes de verano. Las tardes de aquel verano. Algunas noches sueño que ocupo el hueco de mi cuerpo. Buceas. Apareces a mis espaldas, acechante, y me abrazas, Marieta, me abrazabas. Esta noche cenas con tus primos en casa de Rosa. No me preguntas. Sabes que no quiero ir.
pasa-tiempo.arévalo.marzo2008
pasa-tiempo.arévalo.marzo2008
sábado, marzo 1
cierra los ojos hasta que se haga de noche y yo me haya ido
cuando te conocí fumabas treinta cigarrillos negros cada día y hacías el amor igual que follabas y, a veces, llorabas y, otras tantas, reías a carcajadas como manzanas y me abrazabas por la espalda, susurrabas compra dos billetes a praga y llévame contigo, no respetes las señales de tráfico, abandóname desnuda a las puertas de la ciudad vencida, escríbeme una canción que sea tan buena como maligno, no me regales jamás un bote de colonia, dame de comer con tus manos, cierra los ojos hasta que se haga de noche y yo me haya ido.
el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.gijón.febrero2006
el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.gijón.febrero2006
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