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martes, julio 28

flaco como nunca antes

Compré un libro de Bukoksky y un disco de Coldplay y fui a mear. Me miré en el espejo y vi un tipo flaco, como nunca antes lo había estado, de barba larga, piel morena y ojos azules.

Estoy flaco, como nunca antes lo había estado y fumo, como nunca antes lo había hecho. Sentado en la playa de La Concha, disfruto del último rayo que el sol abandona en la arena ocre antes de morir vencido por el monte Igeldo. Dos chavales juegan al fútbol, como hacíamos Jesu y yo cuando éramos críos y mi madre esperaba en casa con la cena preparada y preocupada porque la primavera me tenía toda la tarde en la calle. Siento el frío de la primera noche en el final de la espalda. Recojo mis cosas y guardo el paquete de tabaco en la mochila. Camino por el bulevar en busca de una cafetería. Y van siete. Después leeré un rato, tumbado en la cama de una habitación de veinte euros y toallas blancas.

Cuando la ciudad sea de la noche saldré a pasear de nuevo, la echaré de menos y llegará el sueño. Mañana conduciré contra el viento, con un kilo de manzanas en el asiento de al lado y las canciones de Quique González. Y ahora todo está bien. Incluso la tristeza.

acecha el invierno como una manada de leonas.sansebastián.abril2006

martes, octubre 9

cada hombre tiene su tiempo

cada hombre tiene su tiempo. Cada noche espera la llegada del frío. Porque la única revolución pendiente es la de las palabras, seamos valientes. Arder en una llama infinita. Y tu nombre como fuego azul permanece invisible en la palma de mi mano y duerme en la habitación, olvidado entre las páginas de los libros malditos y culpables. Una gata rayada de ojos de miedo busca el calor que la noche le niega encaramada al capó del coche. Y los perros, animales sin tiempo, no ladran. Con ojos ciegos se rascan detrás de las orejas y su aliento, visible tan sólo un segundo, es el heraldo de la madrugada.

el invierno acecha como una manada de leonas.gijón.marzo2006

martes, junio 19

Ánimo y sigue participando

¿Tan mal empieza el día que hasta la tapa del yogur del desayuno tiene que echarme un cable?

acecha el invierno como una manada de leonas.roses.mayo2006

sábado, abril 7

dudar

hay que dudar hay que dudar hay que dudar se repetía en voz baja mientras leía el periódico sentado en la terraza del bar aquella mañana de verano en que sentía tener las cosas tan claras

acecha el invierno como una manada de leonas.cadaqués.agosto2006

miércoles, febrero 7

dibujando fotografías

a guille

no sabría bien decir que fue antes. Tal vez la lluvia o las palabras. Tal vez la música. El sabor dulzón de la cerveza amarga. Miércoles era gris porque el sol habitaba en sus corazones. De eso puede estar seguro. Porque la ciencia no explica el calor de su pecho si la tarde prendía la luz de la noche, la lluvia gritaba niebla furiosa y desafiante y el otoño acechaba agazapado como una manada de leonas en el aliento de un viento taimado que mecía hojas marchitas de flores eternas.
Son lugares para guardar en una bola de cristal como esos paisajes de invierno nevados por pequeñas esferas de corcho. Entre las manos, como fuego, los dos o tres sueños que aún les quedan intactos o, al menos, sólo con los bordes desconchados. Y, como no podía ser de otro modo, un final que estuviera a la altura. Para la tregua de las nubes con la barriga llena de agua el arcoiris encendido y ellos, imbéciles, dibujando fotografías. Como si fueran capaces de detener el tiempo.

acecha el invierno como una manada de leonas.gijón.agosto2006

lunes, enero 15

ángel y las palabras esdrújulas

ángel escribe palabras esdrújulas en las paredes blancas de su casa. Trabaja de vendedor de entradas en el único cine que todavía queda en la ciudad y por las mañanas da largos paseos por la playa, cada vez más lejos, que cualquier día de estos no regresa. Tuvo una novia que se parecía a julieta venegas; pero le abandonó una mañana después de hacer el amor porque aquello había sido tan bueno que jamás iba a ser capaz de repetirlo.
Ángel come queso, manzanas, nueces y vino blanco porque son los alimentos del invierno. Toma un café solo en la misma mesa de la misma cafetería del puerto desde hace tantos años que no recuerda cuántos camareros y camareras han pasado por allí, ni cuántos muertos regresan cada mañana a desayunarse, ni cuántas historias de amor han empezado o terminado dentro de esas mudas paredes que tanto dicen. Cuando se encienden las farolas en las calles y los gatos planean su cacería de palomas en los parques, Ángel regresa caminando a la casa de muros blancos. Enciende la luz, se quita el abrigo que deja colgado en la percha pegada a la espalda de la puerta y permanece a pie quieto, absorto apenas dos o tres minutos. Toma en la mano derecha un rotulador negro y, en el hueco entre último y cántaro, escribe: máquina.

acecha el invierno como una manada de leonas.gijón.febrero2006

días

cuadernos