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viernes, diciembre 9

Dominar el mundo


Dominar el mundo.
Celebrar que cada noche
nace un guerrero nuevo,
una criatura que pasará
a formar parte de las tropas
que doblegarán a los enemigos.

Acudir en ayuda de los más necesitados.
O de ti.

Respetar a los sabios
pero no a los mayores.

He dejado la montura,
mi amor,
jadeante en los establos.
Beberá agua,
comerá la hierba recién cortada,
almohazarán sus crines negras
los criados.

Mientras tanto abrázame
y te abrazaré.
Agarraré con fuerza tus cabellos sueltos.

Gritemos al ocaso.
Gritemos después al alba.

Permite que las doncellas
duerman esta noche a las criaturas.
Quédate a mi lado.

cimadevilla.septiembre2011

jueves, septiembre 29

Quedan los relojes


Quedan los relojes
armados hasta los dientes,
invencibles.
Y nosotros nada.
Como si nada.

Comemos fruta,
desertamos,
engañamos a nuestras madres
y a nuestras mujeres,
nos emborrachamos
hasta perder el sentido
y soñamos vidas
que ni viviendo siete.

Algunas noches se nos oye llorar,
aunque lo hacemos en silencio,
incapaces de sostener el personaje.

Somos padres abyectos,
trabajadores mediocres,
amantes egoístas,
amigos en los que confiar no se puede.

Y, a pesar de todo,
cada mañana cerramos los ojos
para perdonarnos
y nos mentimos creyendo ser
lo que no somos.

gijón.julio2011

domingo, mayo 15

Te dejas caer

Te dejas caer y
tras de ti
la mordaza de los días,
o tal vez la rutina.

Se abre el telón y apareces
desnuda.
Podría intentar
quedarme a tu lado
toda una vida,
la nuestra,

y eso es precisamente
lo que quiero hacer.

Te extraño
cuando el silencio de esta casa
eres tú,
más que cuando estás.

Las palabras que no encuentro,
los mapas donde se muestran
los lugares de un cuerpo que aún
no he sido capaz de memorizar,
el pentagrama de la ropa tendida
al viento y un vivace,
el discurso que se alarga en un tiempo
que solo tú puedes detener,
que solo tú puedes acotar,
que solo yo ya sin tilde.

Dijiste salgo a cenar y no has vuelto.
Por eso este poema ahora es otro,
versos de abandono y espera
cuando me siento incapaz tan siquiera
de usar el recurso literario gastado
de acabarlo como empieza.

Te dejas caer.

cimadevilla.marzo2011

lunes, enero 31

Tú me llamabas Lolo

"Un mal día lo tiene cualquiera. Y muchos malos también" (Luis Mateo Díez).

En un último intento
por desacreditar a los profetas
me bajé los pantalones
y le mostré
a la gente que abarrotaba
el salón de invitados
el culo.

Después caminé deprisa,
calle abajo
igualito que Antonio Vega,
perseguido por los guardaespaldas.

Pude darles esquinazo
con ayuda de un periódico arrugado
que rescaté de una papelera.
Los gorilas pasaron de largo
y se adentraron en la selva.

La ciudad, ahora sí,
era ya por entero mía,
páramo inabarcable
en el que te seguir buscando.

Escuché al protagonista de una película
que decía yo tuve una novia
que cuando se fumaba un porro
me llamaba Ramón.

Tú me llamabas Lolo.

gijón.octubre2010

jueves, septiembre 16

Cantaban los planetas una canción que odias

1.

El ruido del reloj en la cocina,
quizás las nueve y media de la mañana
suicida,
colgada en el borde del segundero
y en la ventana abierta el motor
de un coche recorre la calle
despacio,
en busca de un aparcamiento libre.

El frío de los pies fríos
debajo de las mantas.
El final de la película
en un lugar al que viajamos
sin importar demasiado
que ocurriría al regresar.
Los secretos dichos en voz baja.
Las palabras abandonadas
en un agujero de la pared.

La memoria de tu piel
se está borrando.


2.

Fui tan torpe que a veces
olvidé los caminos de tu cuerpo,
olvidé tu nombre,
olvidé lo que para mi armadura
significa descansar a los pies de tu cama.

Fui tan torpe que pensé
que podías marchitarte,
bajar a segunda división,
diluirte en el plomo de un mediodía
de niebla.

Fui torpe y tuve miedo.
Mis manos, temblorosas,
se dedicaron esos días
a esperar,
posadas en las rodillas,
que poco a poco volvieran a mi memoria
todos tus mapas.


3.

Ayer te eché de menos
cuando se marchó el último paciente
de la consulta
y nevaba en la ventana.

Te eché de menos y un día.
Dolía,
como sucede siempre que nos despedimos
con un arañazo.
Ya pasaron veinticuatro horas
quedan veinticuatro más.

Te eché de menos en el restaurante
mientras comía un filete y patatas fritas.
Te eché de menos y un día y estaba solo.
Paró de nevar,
rompió la lluvia.
Salí corriendo hasta llegar al coche
y te eché de menos.
Se encendió la radio.
Cantaban los planetas una canción que odias.

Abrí la puerta de la casa.
Me miró el silencio.
Una llamada de teléfono.
Un paciente con dolor en el estómago.
Un lunes.

limés.mayo2010

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