Mostrando entradas con la etiqueta Lecciones de afán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lecciones de afán. Mostrar todas las entradas

jueves, junio 28

Fin(de)

Viernes, destrozar el coche
contra la mediana de la autopista.
Saltar. O agacharse, quién sabe.
Sábado, escuchar un especial
de Egon Soda en la radio, apuntar
palabras en una libreta para usarlas
después, entender que son
magníficos, cerrar los ojos
y desearte. Domingo, correr
bajo la lluvia. Temblar de miedo
por lo que pudo haber sido.
Recorrer las calles de la ciudad
en escombros como recorro
las aristas de un cuerpo dolorido
para aferrarme a esta vida
que se me escapa.
Dejarla marchar.

sábado, junio 16

Enumera las veces que te vencí

Cualquiera puede arder en la oscuridad.
Ella sueña con su cuerpo convertido en delfines,
amanecer en una playa diferente cada día,
ser campana que tañe en la niebla sin descanso,
asturcón al galope junto a los acantilados,
costra de salitre sobre la piel del que duerme
y ama a mediodía, la luz del atardecer
de todos los veranos. Enumera, dice, las veces
que te vencí o las veces que nos hicimos daño.
Y ven, ven, repite, muéstrame la nieve,
que nunca la he visto.
Y no seré de nadie para siempre.

Cualquiera puede arder en la oscuridad;
lo jodidamente difícil es hacerlo en la luz,
como ella.

martes, junio 12

Arden en la boca las palabras que no decimos

Si tú vuelves, posándote en mis manos,
y arden en la boca las palabras
que no decimos
o se extiende al viento la urdimbre
de miradas en las que,
desde que te conocí, intento
atraparte,
serán futuro la luz del amanecer
que se descompone en el cristal
sucio de la ventana
y las huellas de tus pies descalzos,
como dos alas, sobre mi vientre.

lunes, junio 4

¿Puedes, por favor (por lo que más quieras), volver a suceder?

Te echo de menos
como se echa de menos
a un recuerdo, como si fuera
posible anudarte a un momento
y a un lugar en el pasado,
a un tiempo y a un espacio
que despertó en mí el deseo
imposible de que el reloj se detuviera,
aunque fuera un segundo,
un deseo tan poderoso, esquisto capaz
de marcar una muesca en la memoria,
dentellada precisa que no habrá de cicatrizar
por más que pase el invierno
y que me asaltará en el futuro,
de improviso, para provocar en mi interior
un temblor de nostalgia o de felicidad,
de ausencia, una esperanza absurda
de que aquel instante en aquel lugar
puede volver a suceder. Como tú.
¿Puedes, por favor (por lo que más
quieras), volver a suceder?

jueves, mayo 24

Peces que se movían siguiendo la vibración del agua

Cuando fui y tú venías
y era tarde ya para preparar la cena
y dejábamos que el amor se fuera
ajando y tus manos ya no eran manos,
eran peces que se movían
siguiendo la vibración del agua
y no conseguían atraparme
y yo no conseguía atraparlos
y las fotografías ya no decían nada
y en el ojal de la solapa no había
clavel ni sangre, ni un gesto claro
de valentía o de desasosiego
y la noche era un túnel interminable
que conducía a un amanecer desconocido
y yo sólo buscaba refugio a oscuras
en un poema para poder convertirme,
sin miedo a ser visto, en la bestia que soy.

sábado, mayo 12

Los pájaros que vuelan en tus ijares



Afán:

1. m. Esfuerzo o empeño grandes.
2. m. Deseo intenso o aspiración de algo.
3. m. desus. Apuro o necesidad extrema.
4. m. desus. Prisa, diligencia o premura.

Del afán, solo queda el cansancio.
Refrán colombiano.

Si escribiera, lo haría contra el olvido,
o como disparar una fotografía.
Escribiría para tenerte siempre,
para fijar el paisaje que entreveo
dibujado encima de tus hombros

o una tarde en el filo,
tu mirada láser cuando pides
que pare, un puñetazo invisible
en la boca del estómago
que te hace doblar y romper
a reír, una taza de café,

el olor que la primavera
deposita en las cornisas
o la luz incandescente
que ilumina los pájaros
que vuelan en tus ijares.

sábado, mayo 5

Una tarde hermosa de martes

La mujer del servicio de habitaciones encontró
las sábanas sucias en la cama deshecha,
las copas de vino vacías sobre la mesa
de luz, las toallas, húmedas aún, colgadas
en el pomo de la puerta del cuarto de baño,
la televisión encendida y sin volumen,
una decena de poemas escritos en las paredes
y las ventanas abiertas de par en par a una tarde 
hermosa de martes que se empeñaba en perdurar.

martes, abril 17

Que sea yo Sarajevo

Que venga este amor y me muerda
por dentro, que me vacíe y sus manos moldeen
desde lo más profundo de mi cuerpo
unas entrañas nuevas. Que sea yo Sarajevo
reconstruida al amanecer y mirarla el único oficio
para el que estén preparados mis ojos y mis manos.

Que llegue la noche y me alimente de su boca.
Que me alimente de su boca para poder sobrevivir.

Y que sobrevivir sea lo único que haga
cuando la ceniza del cielo y la guerra de lluvia
y semáforos la impidan permanecer desnuda,
dormida, cansada, triste, vulnerable, perdida 
pero capaz a mi lado.

días

cuadernos