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domingo, abril 1

Pero tu nombre


Todos los días tu nombre. 
Apareciendo tan de repente. 
Buscando su sitio. 
Haciéndose un hueco a codazos 
entre la muchedumbre, 
entre el ruido. Todos los días. 

Sean de sol o sean de lluvia. 

Blandiendo una espada 
de papel en el que está escrito. 
Audaz. 
Libre. 
Desordenado. 
Pero tu nombre.

viernes, marzo 23

El orden natural de las cosas

Al lado de la carretera, casas cerradas
desde hace años, jardines abandonados y salvajes
donde la hiedra invade fronteras que no le pertenecen,
gatos con los bigotes manchados de bruma persiguen
ratones veloces entre los huecos que los muros
van cediendo al nordeste y al salitre mucho antes de convertirse
en escombros. Una línea de costa sometida por el océano
y por el viento se extiende más allá, mucho más allá
de lo que alcanza la vista.

Una camiseta de algodón y un vaquero
ajustado. El pelo suelto, la cara lavada
y los pies descalzos.

Después llegará el verano y seremos
dos colgados de las manecillas del reloj y nomeolvides
que florecen durante el atardecer, las sábanas limpias
tendidas al sol, el zumbido eléctrico de la tormenta,
la noche sostenida, la voz de mi padre repitiendo sin cesar
la palabra tocadiscos o la lectura minuciosa de El Orden
Natural de las Cosas, el mundo en guerra cuando dicen
lo nuestro, lo que será y los leones agazapados en sus ojos
o los paisajes de su cuerpo que la memoria de mis manos
conserva como cuentas del collar
que encontramos tirado entre las piedras de la playa,
casi noviembre, aquella tarde.

miércoles, marzo 14

Una forma de amar

La hiedra que invade los muros del futuro,
la guerra interminable en sus manos y en su boca,
el asedio, la esperanza resquebrajada,
la llegada de los lunes, aquel abrazo
del que no he podido desprenderme,
el vértigo en los viaductos cuando agarro
con fuerza el volante y acelero, el presentimiento
de que estas tardes (aunque nada) durarán por siempre,
la precisión del arquero, la piel de la naranja
que los dedos desprenden lentamente de la carne o
el ruido que hacen mis manos cuando recorren
su cuerpo. Una forma de amar intacta 
para usar sólo con ella.

sábado, marzo 3

Las ciudades que la habitan

Las ciudades que la habitan.
Imaginar
lugares. Imaginar vidas.


El tráfico que invade la avenida,
martes, seis de la tarde. Una ciudad.
Sentado en la terraza de una cafetería.
El tipo de la mesa de al lado fuma
un cigarrillo y se pierde en la pantalla del móvil.


Las ciudades que la habitan;
quizás sólo cambiaría su cuerpo
por Lisboa, siempre; San Sebastián, en invierno;
Montevideo, algunas tardes, cuando
al atardecer las sombras arropan
con mansedumbre la entrada principal del Solís
y las palomas en Independencia persiguen imposibles,
Peñarol empata en el último minuto y el estadio
tiembla en un grito que detiene, un segundo apenas,
la Rambla entera, suena El Tiempo Está Después
en una librería de viejo en Tristán Narvaja y Avellaneda
camina despacito por Maldonado.

Su cuerpo. Lisboa, siempre. San Sebastián,
en invierno. Montevideo, algunas tardes.

Perderla y perdernos empiezan igual.

sábado, febrero 24

Mi amor nunca

Ven.
Siéntate a mi lado.
Atiende las llamadas.
Quítate el vestido.
Bosteza.
Tiembla.
Acepta que puedes
detener el tiempo.
Vuelve tras tus pasos
(todas las huellas
que conducen a este día
y te alejan de mí).
Despierta.
O duerme
(tú misma).
Quédate tranquila,
ya hice yo la compra.
Corre. Nada.
Perfúmate para mí
o para cualquiera.
Conviértete en lluvia
y llueve como lo harán
todos los febreros
que pasaremos juntos.
Viaja al sur.
Acuéstate
con quien quieras; pero
quédate conmigo,
un par de horas siquiera.
Me conformaré.
No tengo otro anhelo
antes de que llegue
la primavera.
Mi amor nunca
será un problema.

viernes, febrero 16

Problemas con el alcohol

La furia incontenible del mar,
la letra de las canciones que he escuchado
más de cien veces a lo largo de mi vida,
los años cumplidos,
las certezas que me permiten
seguir adelante, las dudas que algunas tardes,
sobre todo las de domingo,
me acorralan.
Y los espacios que dejo para que sean habitados
por otros, tan pequeños, tan oscuros a veces.

Ciertas noches tengo problemas con el alcohol.

Restos de madera, redes rotas,
miembros de plástico de muñecas ahogadas
hace meses invaden el aparcamiento del puerto,
se extienden de un modo desordenado.
Al otro lado del muro,
el océano se muestra contenido y metálico,
a la espera de un nuevo envite,
de resultas cuando la marea crezca y los hombres
observen con miedo la llegada de la noche.
¿Qué sería de nosotros sin el miedo?

El tacto áspero del volante,
el ruido del motor, los cables del tendido
eléctrico que parecen avanzar
a la misma velocidad que yo,
acelerar, pensar en todas las cosas
que quiero hacer con su cuerpo y sentir
cómo mi cuerpo reacciona.
Sonrío.
Sonrío en silencio y dejo que mis ojos
se pierdan en el horizonte.

Despega un avión y apenas se distingue
entre las nubes. Se eleva y cambia el rumbo
en una curva sostenida y constante
hasta desaparecer.

Dejarle un hueco. O que lo ocupe todo.

jueves, febrero 8

Aprender a amar una tierra

El anuncio de los días.
O de las horas en las que
creernos capaces.

Los cuervos buscan alimento
en los contenedores de basura.
A su manera, persiguen también la belleza.

Aprender a amar una tierra.
O amarla sin esfuerzo, qué más da.
Caminar sin prisa por los senderos
que llevan a la playa y sentir el frío de enero
en la cara y en las manos. A veces pienso
que vine hasta aquí solo para ver
el mar de invierno, como si en él residiera
mi destino y todas las cosas que le debo y  
que dan sentido, a veces, a los días.
Otras veces pienso que vine hasta aquí
para encontrarme con ella
al doblar una esquina.
Después las semanas se suceden
de un modo un tanto extraño, difícil de entender.
Y busco refugio en las páginas de un libro
o en correr cuando llega la noche. La ciudad.
Aprender a amar una ciudad. O amarla sin esfuerzo.
Qué más da. Si los cuervos encontraron
lo que buscaban, ¿por qué yo no habré de hacerlo?

El rumor del mar antes de verlo.
Como el perfume de su piel
cuando no soy capaz de alcanzarla.
La tormenta que siempre regresa
después de la calma y las manos del cielo azul
abriéndose paso entre las nubes
que se debilitan. El vértigo de caminar en las aristas.
O el único lugar del mundo en el que encuentro
sosiego. Las gaviotas, posadas entre las rocas
que la marea baja descubre en la playa de San Pedro,
miran fijamente al mar y aguardan su momento.
Versos escritos que disparan por la espalda.
Aún hay tiempo si no has visto las lágrimas
de las cigüeñas cuando el instinto
las empuja a volar al sur.
Ella se echó a llorar, lo recuerdo,
cuando todos dijeron que nada volvería
a ser como antes.

viernes, febrero 2

Los ruidos que rompen el silencio

Subrayo versos en la cafetería
de una gasolinera mientras aguardo
la llegada de un amanecer
que viene con retraso.
Los coches, fugaces,
alumbran por un instante la autopista.

Suena la radio y anuncia un día de lluvias.
A mis espaldas, un mar en calma aguarda
paciente la llegada de un nuevo temporal
procedente del norte. Las chimeneas de las fábricas,
sucios dragones perdidos de herrumbre
que no cesaron su trabajo durante la madrugada,
escupen lenguas de fuego que iluminan la noche,
ahora que se acerca su final.

Un camionero, con el rostro cansado,
aparece tras la puerta abierta y pide un cortado
con leche fría. Se frota los ojos con las manos,
bosteza sin taparse la boca
y me saluda con un movimiento leve de cabeza.

Y yo busco recuperar las palabras
a las que pertenezco, las que me sostienen
como hilos de marioneta. Observar
el mar desde los acantilados
o una tarde al sol bebiendo cerveza,
la mirada de mi hijo cuando se hace preguntas
o el espectáculo indescriptible
de ver cómo se desnuda en silencio,
antes de ducharse.

Siete hombres de espaldas desayunan
apoyados en la barra.
No se conocen entre ellos. No hablan.
La radio, los motores y el entrechocar de platos
que la camarera provoca al colocarlos
en el lavavajillas son los ruidos
que rompen el silencio.

jueves, enero 25

Retrato de mujer dormida

Cuando, después de hacer el amor,
duerme entre las sábanas
revueltas y arrugadas, se convierte
en una mujer en escombros, una mujer coraza,
una mujer nómada, una mujer tristeza,
una mujer deseada, una mujer satisfecha,
una mujer alacrán, una mujer raíces,
una mujer destino, una mujer sedienta,
una mujer a horcajadas, una mujer mancillada,
una mujer tierra, una mujer temible,
una mujer mentira, una mujer herida,
una mujer noviembre, una mujer frontera,
una mujer eléctrica, una mujer mapa,
una mujer atormentada, una mujer lluvia,
una mujer simiente, una mujer perdida,
una mujer cometa, una mujer terrible,
una mujer viento.

días

cuadernos