viernes, septiembre 26

LO QUE ESPERABAN DE NOSOTROS

Esta historia, como tantas otras, tal vez comience con una mentira


(pinchar en la fotografía para acceder al relato)

viernes, septiembre 19

Una ciudad y un tiempo


Ariel encuentra entre las páginas del libro que está leyendo una fotografía en blanco y negro y recuerda una ciudad y recuerda un tiempo.

Septiembre pinta de amarillo las aceras. Ariel camina durante horas bajo la lluvia. El crujido que sus pasos provocan al quebrar con su peso el armazón seco de las hojas caducas de plátanos y álamos temblones le acompaña. Hace días que se siente Horacio en esa espiral literaria que dibujara Cortázar. Desde el pretil del puente contempla la imagen de la ciudad como una aguja y el río, oscuro y veloz, el hilo que atraviesa su ojo. Al doblar la esquina, un viento frío arrastra el cadáver de un paraguas y, tras él, un gendarme, al que Ariel apenas ve aparecer, le pide la documentación antes de dejar que continúe su camino. Tiene hambre. Decide ocupar la única silla vacía en la terraza abarrotada de un café en Rue Mazarine. Beatriz, que sería desde entonces y para siempre su Maga y todas las beatrices que después conocería, está sentada a su lado. Ariel moja una galleta de canela en un vino caliente y ácido, la observa y, al cabo de unos minutos, descubre que, si no se ha enamorado, siente por esa mujer de pelo largo, negro y rizado, ojos oscuros y labios redondos y gruesos, india morena en un París tan pálido, una curiosidad y un deseo que nunca antes ha sentido y que, aún hoy, es incapaz de describir con palabras. Y la aborda sin ambages. ¿Te vienes conmigo?

Durante aquel otoño de hojas vencidas por la fuerza de la gravedad no desperdiciaron una noche, una cama, una sonrisa, una caricia, un beso. Se creyeron invencibles, inmortales, poderosos, convencidos de permanecer en ese estado cualquiera que fuese la medida del paso del tiempo. Pero se equivocaron. El amor no dura por la misma razón por la que no dura el otoño y, en el café de Rue Mazarine donde se conocieron, decidieron separarse antes de que el invierno lo hiciera por ellos.

Ahora ella mira desafiante a la cámara, atrapada y desnuda, bellísima, seria, joven, a salvo del paso imparable del tiempo. Ariel deja que la luz que se filtra por el cristal de la ventana alcance la superficie de la fotografía. Las yemas de sus dedos van tras ella y acarician los perfiles del cuerpo de Beatriz mientras, con la otra mano, cierra lentamente el libro.

parís.noviembre2013.

viernes, septiembre 12

Doméstica segunda

Cuando llegas a casa,
después de trabajar toda la noche,
te desnudas en la penumbra gris
del amanecer
mientras escuchas los coches
que abandonan la calle.
Observas tus tetas en el espejo del baño
antes de abarcarlas con las manos.
Buscas unas bragas limpias y
te pones la camiseta que
dejé tirada en el suelo del baño
antes de ducharme.
Llamas a tu madre, que responde
triste al otro lado del teléfono.
Te conformas con los dos dedos
del café frío que amarga
en el fondo de la cafetera.
Lloras en silencio una canción,
como para desprenderte
del recuerdo de la noche.
Imaginas que aún fumas.
Tumbada sobre la cama,
sin arroparte siquiera,
te quedas profundamente dormida.

cimavilla.alamanecer.


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