jueves, julio 26

carta de un soldado (II)

Hola, madre. ¿Qué hace? ¿Leyendo una carta?

Me envía padre para que le dé una noticia. Pero no sé cómo empezar.

Madre, han matado a José. Llegaron las listas de bajas y es el primero. Fue hecho prisionero cerca ya de Madrid y lo fusilaron como preso de guerra. Este país se está volviendo loco.
Dicen que alguno de la familia tiene que ir a Villacastín a reconocer el cuerpo. Que si nos negamos no veremos el cadáver y lo enterrarán en una fosa común o se lo llevarán al campo para alimentar a las bestias. Usted no debe ir, madre, ni la dejaríamos; pero alguien tendrá que hacerlo. El primo Aurelio... no me mire así madre, claro que está llorando. Nada tiene que ver el que no piense como nosotros. Quería a José como el que más. Aunque usted siempre dijera que acabaría por meterle cosas raras en la cabeza. Igual si así hubiera sido, ahora José vivo estaría. Quién sabe...
... el primo Aurelio dice que él puede acompañar a padre. A él no han tenido que decírselo, tan siquiera. Veníamos fatigados del campo y al entrar por el costado de la iglesia vio el coche del general aparcado en la plaza del ayuntamiento y supo que José estaba muerto. Algo le ha pasado a tu hermano, Carmencita, fue lo que me dijo. Por algo le llaman el Brujo, ¿no? Dio media vuelta entonces, y regresó por donde habíamos venido. Quiere estar solo. No volverá hasta la noche.

Dígame algo, madre, no esté tan callada. Este silencio duele y...
...llaman a la puerta. Yo abriré.

Es don Matías, el médico, madre. Dice que si puede acompañarle a casa de Benjamín. A la hija, la Luciana, se le ha adelantado el niño.

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