Te dejas caer y
tras de ti
la mordaza de los días,
o tal vez la rutina.
Se abre el telón y apareces
desnuda.
Podría intentar
quedarme a tu lado
toda una vida,
la nuestra,
y eso es precisamente
lo que quiero hacer.
Te extraño
cuando el silencio de esta casa
eres tú,
más que cuando estás.
Las palabras que no encuentro,
los mapas donde se muestran
los lugares de un cuerpo que aún
no he sido capaz de memorizar,
el pentagrama de la ropa tendida
al viento y un vivace,
el discurso que se alarga en un tiempo
que solo tú puedes detener,
que solo tú puedes acotar,
que solo yo ya sin tilde.
Dijiste salgo a cenar y no has vuelto.
Por eso este poema ahora es otro,
versos de abandono y espera
cuando me siento incapaz tan siquiera
de usar el recurso literario gastado
de acabarlo como empieza.
Te dejas caer.
cimadevilla.marzo2011
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