Va a seguir fumando hierba, digan lo que digan. Total, su madre no se entera, atiborrada como está de pastillas, gorda, llorando todo el día por las esquinas. Y su padre se pasa media vida en el bar. Si él bebiera la mitad de lo que trasiega el viejo, estaría borracho todo el día. Y su hermana Lucía, diecinueve años y ya casada desde hace cuatro, novia formal del imbécil ese del pueblo de al lado, que va a dejarla preñada cualquier día y ya verás la que se va a montar. Su madre, del disgusto, irá al médico a por más pastillas. Y su padre se pondrá a beber sin freno para poder aguantar las ganas de pegarle una paliza al imbécil ese, que dejó embarazada a su hija preferida, hijita dulce que ha dejado de serlo para follar sin condón con el pichatriste más pichatriste de toda la comarca. Así es que él va a seguir fumando hierba todo el tiempo que quiera. Cuando lo hace, se siente menos cabreado, menos jodido con esta vida que le toca, en este pueblo sin más futuro que la tierra, el bar, la pesca, el río, las vacas y las tetas pequeñas de Jennifer, cuando deja que se las toque, por debajo de la camiseta, en el asiento de atrás del Dacia, los fines de semana, de madrugada en el alto, frente al paisaje a oscuras del lago, los caminos del valle como serpientes de luz y los ruidos del bosque. Después la deja en casa. Y, a golpe de acelerón y freno de mano, controla la erección y las ganas, se fuma un porro y se queda dormido, apoyadas las manos en el volante, aparcado en cualquier cuneta.
Solo hay una manera de ordenar los libros en las estanterías: a un lado, los leídos; al otro, los por leer. (Roman Brown y Dolores Oldtire. Estudio sobre el valor terapéutico del caos. Ed. Blackandwhite. Oxford. 2010).
Solo hay una manera de ordenar los libros en las estanterías: a un lado, los leídos; al otro, los por leer. (Roman Brown y Dolores Oldtire. Estudio sobre el valor terapéutico del caos. Ed. Blackandwhite. Oxford. 2010).
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