He visto como te derrumbabas
al caer la noche
y renacías escuchando
durante horas
el mismo disco de Bon Iver.
Abrías el frigorífico,
pelabas la fruta y la comías
sin ganas,
acto simple de alimentarse,
función primaria.
Subías a la azotea.
Detenida sobre los cables,
debajo de un cielo azul
pintado a brochazos de nubes,
sin esfuerzo
dejabas que el viento
te despeinara y lo sentías
como una caricia.
Armabas el futuro
con el gesto simple de cerrar
los ojos.
Repetías en voz baja
uno tras de otro
todos los nombres
que usaste
para que no doliera.
Creíste no dejar pasar una oportunidad.
Y las perdiste todas.
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