Una tarde estuvimos
en la playa de Frejulfe.
Las olas batían la orilla
empujadas por la marea
creciente. Te agarré
por el talle y
me besaste.
Mi lengua batía
la orilla de tu boca.
Los aviones surcaban
el cielo y las estelas
de condensación,
que la ausencia de viento
mantenía detenidas
durante minutos,
se cruzaban al azar.
Aquella tarde, igual
que hoy, no había
en el cielo
una sola nube.
una sola nube.
No hay comentarios:
Publicar un comentario