Viernes, destrozar el coche
contra la mediana de la autopista.
Saltar. O agacharse, quién sabe.
Sábado, escuchar un especial
de Egon Soda en la radio, apuntar
palabras en una libreta para usarlas
después, entender que son
magníficos, cerrar los ojos
y desearte. Domingo, correr
bajo la lluvia. Temblar de miedo
por lo que pudo haber sido.
Recorrer las calles de la ciudad
en escombros como recorro
las aristas de un cuerpo dolorido
para aferrarme a esta vida
que se me escapa.
Dejarla marchar.
Dejarla marchar.
2 comentarios:
¿Se puede acaso hacer otra cosa un fin(de)?
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