Dime tú, si la conoces,
la palabra certera.
Que de tu boca nazcan
ríos y que la tarde
te encuentre en el sonido
y los dibujos y el olor
a los que llamas casa.
Que sean tú o yo o nosotros
los puntos cardinales
que nos ayuden a alcanzar
noviembre. Que duerman
las fieras, sedientas ya
de lágrimas y de sangre.
Que, agotados, festejemos,
bailemos, hagamos el amor
hasta quedarnos dormidos.
Y que los fuegos de artificio
que alcanzan el aire
desde tus manos
se conviertan al fin
en humo y cenizas
aventadas por el nordeste
hacia las montañas,
limpio el cielo ya de nubes
(seis gaviotas, con las alas
extendidas, suspendidas
sobre los tejados) y de tristeza.
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