jueves, agosto 8

Incendio

Sentado en un banco del parque 
mientras A., de pie al lado de un columpio, 
le pregunta a un niño si puede jugar 
con él. Un hidroavión vuela por encima 
de nosotros en descenso hacia el mar 
para llenarse las tripas y apagar el incendio, 
algún incendio. Sentada junto a mí, 
una mujer vestida con ropa deportiva 
ajustada grita ¡chocolatina! y, de entre 
los arbustos, aparece un pequeño 
perro escuálido y marrón de ojos saltones 
y orejas puntiagudas. Caigo en la cuenta 
de que hace horas espero la respuesta 
al mensaje que, al fin después de días, 
me decidí a escribirte esta mañana. 
Para apagar el incendio. Algún incendio. 

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