sábado, junio 9

mutis por el foro

Manuel no recuerda si empezó a beber porque se sentía solo o se quedó solo porque bebía demasiado.
Manuel fue un buen actor de teatro. Uno de los grandes. De los de verdad. De aquellos que desoyen los cantos de sirena de la televisión y del cine porque cuando el director dice ¡corten!, no se escuchan los aplausos.
Pero llegó un día en que Manuel entendió que se quedaba solo. Que un velo de silencio se tendía entre él y los demás. Cada vez tenía más miedo de comunicarse y cuando intentaba hablar, la gente no le entendía. Y cuanto menos le entendían, Manuel más bebía.
La tristeza se instaló en su vida como un huésped del que no sabes cómo escapar. Él ponía todo su empeño en expresarse, pero el de enfrente se quedaba perplejo y nunca contestaba lo que Manuel quería. Pocos aguantaban a su lado porque pocos tenían tiempo y paciencia suficiente para descifrar lo que Manuel quería decir.
Muchos afirmaron que eran excentricidades de artista, de genio. Pero pronto se acabaron las propuestas de trabajo y los contratos.
Manuel acabó en una residencia de ancianos gracias a la caridad de la Casa del Actor. Dejó de beber porque no tenía dinero para ello.

Hace días ingresó en el hospital. Hablaba solo, tenía tics nerviosos y pasaba largos ratos sumido en un sueño del que despertaba, de súbito, levantándose y dando gritos mientras se agarraba la cabeza con las manos.
Los médicos intentaban comunicarse con él, pero era imposible. Si le hablaban de su enfermedad, él lo hacía de religión. Si de religión, él de fútbol, Si de fútbol, él de su enfermedad. En una ocasión, un médico comenzó a hablar de teatro y Manuel le dio la espalda y comenzó a gritar mientras se tapaba los oídos con las manos.

Una tarde de lluvia, cansado de no sentirse entendido, Manuel se tiró por la ventana.
El verano se acercaba lentamente.

aprendiz de dios.salamanca.junio2001

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