lunes, septiembre 15

mALDITOS

El Cojo dice Lorena acaricia mis pies desnudos durante horas y me corta las uñas de los dedos con unas tijeras de plata que heredó de su abuela que era sastre. Dice, después de hacerlo, durante unas horas, pocas, mis pies alcanzan el suelo al mismo tiempo.
El Cojo silba una canción y tararea algo de un mar, algo de una bahía, algo de San Francisco. Nicolás le pregunta Cojo, andas contento. Como no voy a estarlo, Rojo, son las seis de la tarde, hora de volver a casa. Mi mujer espera. Haremos el amor, un amor sin unidades de medida ni de tiempo, distancia, fuerza, peso o ingravidez. Y después jugaremos una partida de dardos. Ni en cien años, Rojo, ni en cien años que emplearas jugando, serías capaz de ganarla. La mujer de El Cojo se llama Lorena. Es cantante en un grupo que compone canciones para los anuncios de publicidad en la televisión. Qué silbas, Cojo, le pregunto después del silencio de tres hombres desnudándose y vistiéndose para salir a la calle, dejar atrás las paredes de la fábrica donde se modifica el abecedario. Otis Redding, chaval. Otis Redding, contesta. Era un tipo tan alto como una montaña y tenía las manos como un mapa de carreteras. Malditos aviones, chaval, malditos aviones, concluye El Cojo mirando al suelo apesadumbrado.

umdpp.formentera.hoy

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