María y Nicolás no tienen límites y son certeros. No tienen tampoco futuro y no piensan demasiado en ello. Una vez al mes caminan en silencio por Ciudad hasta llegar a las Puertas del Adiós y se abrazan en las sombras. Nicolás lanza pequeñas piedras de alumbre al horizonte y los cuervos, posados en las almenas donde algunas tardes nos sentamos a descansar, graznan amenazas. María siente en la piel de la espalda el dolor de cicatrices de tinta negra. Muchas noches sueña con el vestido rojo. Pero ya a nadie se lo cuenta. Nicolás la mira en silencio y piensa la mujer que me colma, la mujer que me llena por dentro hasta los pulpejos de los dedos.
umdpp.formentera.hoy
umdpp.formentera.hoy
0 comments:
Publicar un comentario en la entrada