jueves, mayo 28

vACÍAS

En el silencio que deja tras de sí el viento, después de tres días soplando sin tregua, queda dolorida la piel de la ciudad, los muros con los carteles de anuncios hechos jirones, las esquinas enrojecidas e inflamadas, los ojos de los túneles llorosos y aturdidos. La piel herida de la ciudad resiste a duras penas en las luces de los semáforos, en los nombres de las calles, en las chispas irisadas que el calor del motor produce sobre el capó de los coches. María conduce medio dormida y mal desayunada el Ford Escort en dirección al centro. El último aliento de la noche en el viento fue el aire en las ruedas de Larreina, todo junto, que amanecieron vacías.

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