jueves, septiembre 16

Cantaban los planetas una canción que odias

1.

El ruido del reloj en la cocina,
quizás las nueve y media de la mañana
suicida,
colgada en el borde del segundero
y en la ventana abierta el motor
de un coche recorre la calle
despacio,
en busca de un aparcamiento libre.

El frío de los pies fríos
debajo de las mantas.
El final de la película
en un lugar al que viajamos
sin importar demasiado
que ocurriría al regresar.
Los secretos dichos en voz baja.
Las palabras abandonadas
en un agujero de la pared.

La memoria de tu piel
se está borrando.


2.

Fui tan torpe que a veces
olvidé los caminos de tu cuerpo,
olvidé tu nombre,
olvidé lo que para mi armadura
significa descansar a los pies de tu cama.

Fui tan torpe que pensé
que podías marchitarte,
bajar a segunda división,
diluirte en el plomo de un mediodía
de niebla.

Fui torpe y tuve miedo.
Mis manos, temblorosas,
se dedicaron esos días
a esperar,
posadas en las rodillas,
que poco a poco volvieran a mi memoria
todos tus mapas.


3.

Ayer te eché de menos
cuando se marchó el último paciente
de la consulta
y nevaba en la ventana.

Te eché de menos y un día.
Dolía,
como sucede siempre que nos despedimos
con un arañazo.
Ya pasaron veinticuatro horas
quedan veinticuatro más.

Te eché de menos en el restaurante
mientras comía un filete y patatas fritas.
Te eché de menos y un día y estaba solo.
Paró de nevar,
rompió la lluvia.
Salí corriendo hasta llegar al coche
y te eché de menos.
Se encendió la radio.
Cantaban los planetas una canción que odias.

Abrí la puerta de la casa.
Me miró el silencio.
Una llamada de teléfono.
Un paciente con dolor en el estómago.
Un lunes.

limés.mayo2010

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