Quedan
los relojes
armados
hasta los dientes,
invencibles.
Y
nosotros nada.
Como si
nada.
Comemos
fruta,
desertamos,
engañamos
a nuestras madres
y a
nuestras mujeres,
nos
emborrachamos
hasta
perder el sentido
y soñamos vidas
que ni
viviendo siete.
Algunas
noches se nos oye llorar,
aunque
lo hacemos en silencio,
incapaces
de sostener el personaje.
Somos
padres abyectos,
trabajadores
mediocres,
amantes
egoístas,
amigos
en los que confiar no se puede.
Y, a
pesar de todo,
cada
mañana cerramos los ojos
para
perdonarnos
y nos
mentimos creyendo ser
lo
que no somos.
gijón.julio2011
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