Se trata de ver
ciertas fotografías
y no sentirse extraño.
Decantar en el fondo,
con suavidad,
la tristeza y una cierta dosis
de aburrimiento.
Dormir doce o trece horas seguidas.
Levantarse cuando el mundo
ya está de vuelta.
Activar el resorte preciso.
Poner en marcha la máquina,
el prodigio.
Ahuyentar el miedo
con gritos aterradores.
Recordarte con aquel vestido azul.
O desnuda.
Permitir que resurja
de sus cenizas
el mes de febrero
de cualquier año.
cimavilla.agosto2011
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