sábado, noviembre 24

Pronto



Primero fue la detonación y después fue el silencio.
Arcadio acercó lentamente la boca del cañón a la piel de la frente, hasta sentir el frío ya conocido del acero. Colocó el pulgar derecho en el gatillo, aguardó a que finalizara la canción que había elegido como epitafio, el mediotiempo machacón que es Things Have Changed, de Bob Dylan, y, un segundo después, una mano de sangre, pintada en la pared a su espalda, albergaba en la palma el proyectil deformado. Una bandada de palomas emprendió el vuelo sobre los tejados, abandonando libres las antenas a merced del nordeste. Los brazos inertes de Arcadio permanecieron en una posición de súplica hasta la llegada de la rigidez.

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