sábado, enero 12

Descansar en Hakodate

De todas, la más bella es la cartografía de la costa sur de Hokkaido. Tardé meses en dibujarla. Elegí con cuidado el tono de las acuarelas y la densidad de la tinta negra. En ocasiones, permanecía sin avanzar una sola milla durante días. Revisaba minuciosamente mapas antiguos. Comprobaba una y otra vez las tablas de coordenadas. Perseguía el recodo perfecto o el ángulo preciso y no hallaba descanso hasta estar segura de haberlo conseguido. Aún hoy, si cierro los ojos, recuerdo nítidos los perfiles. Por eso, antes del asedio sin tregua, cruzo bajo el mar el estrecho de Tsugaru con la única compañía de aquel mapa que tantos meses gasté en dibujar y sobre el que escribo estas palabras.

Debo llegar a la isla antes de que lo haga el frío. El invierno es duro y, a menudo, cruel en Hokkaido. Tal vez descanse un par de días en Hakodate. Seré una espectadora ausente, voyeur que disfruta observando como la nieve desnuda y vacía las calles. Alquilaré después un coche. De madrugada conduciré por la dos setenta y ocho en dirección al cabo Esan. A un lado, los acantilados erguidos frente al Pacífico. Al otro, el malpaís de Kameda. Amanecerá. Detendré el coche y observaré el horizonte donde nace el sol. En poco tiempo, todo habrá terminado.

Gijón.Octubre2012.