domingo, octubre 13

Hace tiempo Sebas dijo lo que tú haces puede llamarse literatura dispersa

Hace tiempo Sebas dijo lo que tú haces puede llamarse literatura dispersa. Y sí, tal vez sea eso. Sentarme a escribir cada mañana, mientras desayuno, el día amanece, Jero aún duerme y Rebeca, o duerme también o ya hace unos minutos que se ha marchado al trabajo. Entonces, entre el café y el pan, la fruta o las galletas, abro el cuaderno por la primera página en blanco y, en ocasiones, como sucede hoy, me pongo a escribir sin tener idea de lo que quiero contar ni, mucho menos, del lugar al que quiero llegar. Y, a menudo, esta incapacidad manifiesta para encontrar el camino por el que quiero que discurran las palabras me provoca una rabia contenida pero intensa. Es esta ausencia de planificación la que Sebas, en una ocasión, sentados en el banco del Cantábrico frente al atardecer o en la mesa del rincón en El Arca, ya de madrugada y ligeramente azumbrados, definió como literatura dispersa. De todos modos, continuó, no se puede negar que la tuya es una forma de escribir muy vital, en el sentido de que así se conduce la vida la mayor parte del tiempo; se va construyendo con un desconocimiento total del fin que perseguimos. No digo yo, con esto, que la buena literatura sea la que se asemeja a la vida, sólo digo que si lo que escribes es literatura dispersa, está muy apegada a la forma en la que vives, al modo en como lo haces. Y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes, claro, tanto para ti, escritor, como para nosotros, lectores. Yo bebí un sorbo de la cerveza con idea de ganar tiempo, pensar en lo que había dicho Sebas y darle una contestación a la altura de sus exposiciones. Quizás tengas razón, respondí al final. Literatura dispersa. Contestaciones dispersas, pensé después.

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