sábado, junio 14

En tus manos aterrizan los aviones perdidos


Sólo Jandro sabía escribir. A su lado, los demás éramos luces apagadas. De Jandro eran cosas tan bellas como en tus manos aterrizan los aviones perdidos o las cigüeñas ya no emigran por el miedo de perderte. Cómo no íbamos a admirarlo. Cómo no iba a sentirse querido. Pero, claro, todos sabemos que las frases bonitas no construyen relatos, no generan novelas, no convierten poemas en declaraciones de amor o en epitafios. Y por eso Jandro no llegó a ser escritor. El resto de la clase, ya ves, párbulos retrasados a su lado, todos. Mal que bien, periodistas, críticos, un novelista de mil doscientos lectores, un premio de poesía en provincias, la subdirección de un periódico regional o nacional en alguna de las colonias, como Cosme, con su fantasía erótica de follarse negras convertida a estas alturas en costumbre. Pero Jandro, nada. Sólo frases bonitas. Como tengo tus ojos pintados en el cabecero de mi cama o la luna crece hasta explotar de envidia para no verte. 

Qué tristeza ver su foto esta mañana en las noticias, detenido después de participar en el atraco a un banco. Algo más gordo, algo más calvo; pero con esa melancolía de genio desubicado en los ojos que ya tenía cuando nos sentábamos en las escaleras de Anaya a fumar marihuana y veíamos como el sol se escondía detrás de la copa inalcanzable de la secuoya y de las agujas ambarinas de la catedral nueva. Jandro, le decía a veces para arrebatárselo al silencio, ¿en qué piensas? En quiénes seremos mañana, contestaba antes de darle una calada profunda al porro. 

salamanca.abril2014. 

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