La
tristeza de viajar en un autobús, casi vacío,
con la
cabeza apoyada en el cristal.
¿Cuántas
veces se ha repetido esa escena?
No es
sencillo cumplir las órdenes del viento.
O
abandonar el hábito de acostarse a las tantas.
Las obras
en la calle que levantan las aceras,
el
calendario de menús de la semana,
la
literatura sin suspense, los sueños
en los
que aparecen los amigos cuando estaban cerca.
En un
contenedor abandonado en el puerto aparecieron
los
brazos de todas las venus.
A veces
me gustaría gritarte a la cara: es imposible.
Es
imposible, joder, recuperar el tiempo perdido.
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