martes, mayo 10

La palabra que me enseñaste

Te pienso.
Luego está todo lo demás, que tampoco
tiene demasiada importancia:

el despertador aún de madrugada,
la lluvia en la uralita,
el pan duro y el dolor de piernas.

Te pienso. Y luego
está todo lo demás, que tampoco tiene
demasiada importancia:

la memoria inasible de tus manos,
que vuelven sobre mí
cuando menos las espero

(mientras hablo con la chica del banco,
si me siento a intentar ponerle fin
a la decena de poemas que no puedo
terminar desde hace años,

cuando pronuncio en voz baja la palabra que me enseñaste).

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