domingo, diciembre 4

Travestismo rural

Cuando Amado tocó la frente de su madre y el frío le hizo saber que estaba muerta, salió de la casa, entró en el establo y, de pie frente a las ocho vacas, dijo: tenéis que saber, mocinas, que nos hemos quedado solos. Después de meses de acompañar a la madre en su descenso pausado y continuo hacia la muerte, lavándola, vistiéndola, alimentándola, velando sus agitados sueños y sus abotargados días, Amado decidió que había llegado el momento de bajar a ver al médico para que le dijera qué iba mal en esas piernas que cada noche estaban más hinchadas. 

Amado, eres alto, fuerte y, déjame decirte, estás gordo. Tus piernas sufren y tus venas no pueden empujar la sangre hacia arriba. Necesitas reposo, bajar de peso y ponerte medias. 

Amado regresó al cuidado de las ocho vacas, una de ellas a punto de parir, y tres semanas después volvió a la consulta del médico. 

He adelgazado un poco, dijo mientras palmeaba la barriga; pero no he podido hacer reposo. Las vacas dan mucho trabajo. Y las medias, ya va a ver usted, no sé si algo me hacen. Amado destrabó el cinturón, desabrochó el botón y bajó, casi a la vez, la cremallera y los pantalones. 

Eran de mi madre. Solo las usaba en invierno. 

Las ligas le llegaban a media pierna y abrazaban el contorno del muslo de un modo grotesco. El médico pedía mentalmente que nadie abriese la puerta de la consulta en ese momento.


El desarraigo y el sentimiento de no pertenencia son las dos causas principales de la transformación de un profesional activo en un ser indolente e invisible. (Carmen Camarasa. Métodos cualitativos para el correcto desarrollo de raíces. Ed. Palabra. Valencia. 2000).

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