Me preguntaba cómo sería
la curva lenta de sus caderas desnudas
en las que apoyar la palma de mi mano,
el sabor de su sexo dispuesto o
el sonido de su voz ronca
después,
apenas audible.
Aprenderé a desnudarla.
(Un controlador aéreo decide
en segundos
qué avión debe aterrizar
y cuál partir).
Y no pienso moverme.
Pondré cuidado en respirar despacio.
No sabrá de mí nada que no se pregunte.
Pero, si baja la guardia, prometo
no mostrar piedad.
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