De pronto te veo, estás,
vuelves sin avisar de lugares
a los que nunca te has ido,
una gota de sudor que
desciende lentamente
entre tus escápulas,
el horizonte inclinado en una fotografía
hecha desde el mar, las manos frías
prestas para el fuego, estirar las letras
para construir con ellas
un cuerpo como el tuyo,
colocarlo en un rincón del salón
y mirarte cuando no te veo.
De pronto hago que aparezcas,
arte de birlibirloque o repetir
palabras para que no se pierdan,
la cadencia de tus pasos lentos,
crujir de los listones de madera
que visten el suelo, tensa en exceso
la cuerda del acróbata, la puerta vencida
que se cierra con quejido de óxido,
el papel del periódico de ayer
que secará mis lágrimas,
flores azules en el arcén de la carretera
que lleva al puerto de San Esteban,
luna llena que tiembla y se desintegra
como lo hizo la Estrella de la Muerte
cuando la atacaron los rebeldes,
la ciudad a oscuras y tú,
por ahí,
brillando.
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