Ese tipo extraño
de la calle Rosario
viste siempre de negro,
lleva gafas de sol
aunque esté nublado,
toma café en la misma mesa
de los mismos bares
y pasea descalzo
por el espolón
los días de tormenta,
sin importarle lo que digan.
A menudo le acompañan
mujeres misteriosas y lindas
de pelo corto moreno
o larga melena rubia,
brazos tatuados
con peces japoneses
o versos, el escote
preciso, el culo pequeño,
las piernas largas.
Nadie sabe cuándo
llegó ese tipo extraño
de la calle Rosario,
ni a qué se dedica.
Unos dicen que es escritor;
otros, proxeneta.
Quizá alguien, algún día,
debería reunir el valor
suficiente para preguntarle
en qué gasta sus días,
aunque responder
le convierta en alguien real y
deje de ser posible.
Será mejor estarse quieto,
cajón de sastre
de nuestras dudas.
Cuando no sepas la respuesta,
confórmate.
O pregúntale a ese extraño
tipo de la calle Rosario.
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