sábado, diciembre 23

Epílogo

Ese tipo extraño
de la calle Rosario
viste siempre de negro,
lleva gafas de sol
aunque esté nublado,
toma café en la misma mesa
de los mismos bares
y pasea descalzo
por el espolón
los días de tormenta,
sin importarle lo que digan.
A menudo le acompañan
mujeres misteriosas y lindas
de pelo corto moreno
o larga melena rubia,
brazos tatuados
con peces japoneses
o versos, el escote
preciso, el culo pequeño,
las piernas largas.


Nadie sabe cuándo
llegó ese tipo extraño
de la calle Rosario,
ni a qué se dedica.
Unos dicen que es escritor;
otros, proxeneta.


Quizá alguien, algún día,
debería reunir el valor
suficiente para preguntarle
en qué gasta sus días,
aunque responder
le convierta en alguien real y
deje de ser posible.


Será mejor estarse quieto,
cajón de sastre
de nuestras dudas.


Cuando no sepas la respuesta,
confórmate.
O pregúntale a ese extraño
tipo de la calle Rosario.

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