La mujer del servicio de habitaciones encontró
las sábanas sucias en la cama deshecha,
las copas de vino vacías sobre la mesa
de luz, las toallas, húmedas aún, colgadas
en el pomo de la puerta del cuarto de baño,
la televisión encendida y sin volumen,
una decena de poemas escritos en las paredes
y las ventanas abiertas de par en par a una tarde
hermosa de martes que se empeñaba en perdurar.
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