miércoles, mayo 9

busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca II

Puedes medir la distancia que separa dos ciudades en tiempo, tres días, o en longitud, mil doscientos kilómetros. Una conversación por el teléfono. Esta noche habrá luna nueva. No será tarea fácil dormir. Tres días o mil doscientos kilómetros.
Hueles a madera a la orilla de un río sin nombre. Vente conmigo a los marjales. Hueles a madera. El vagabundo, el perro y yo te buscamos a la orilla de un río que no tiene nombre. Vente.
Leo me gustas como para convertir en mantequilla todos los tigres de las junglas del mundo entero. La noche. La noche detiene el viento que silba en las aristas. Venzo la última página del libro. Ladran los perros y la lluvia hiere los cristales. Cierro los ojos y me masturbo pensando en ti. Busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca: cancela, orgullo, perfume, cerveza.
Huele a eucalipto. La carretera es estrecha y está sembrada de hojas secas que los neumáticos aplastan y los pasos desordenan. Llego a la playa de castello cuando las pistolas disparan al aire el silencio. Las manos salobres de un mar amarillo acunan, como pequeñas muertes dormidas, guijarros eternos que murmuran un lamento en un lenguaje que desconozco. Qué tristes los ramos de flores marchitas en las cunetas de las carreteras recordando muertos. Apoyada la espalda en una pared derruida, siento la sangre inquieta en mis venas y las pistolas enmudecen. La línea del mar retrocede en su batalla contra el tiempo. Otra batalla perdida. ¿Quién puede explicarme el engranaje de las mareas?
Me detengo antes de llegar a la fábrica. Tengo tiempo y tengo frío y me apetece pensarte. Me gusta sentir los golpes del viento en los viaductos. Aparco el coche en el arcén y busco la cámara en el fondo de la bolsa. El cuaderno y un par de pendientes, una manzana, una pequeña piedra redonda, tesoro de oribe. Los bordes el mar ha ido lamiendo con besos salados durante siglos. Hago fotografías de la fotografía de unos pies descalzos. En blanco y en negro. Unos pies descalzos que duermen. Cuatro pies. ¿Duermen los pies cuando dormimos? Las sábanas están arrugadas. La cama es grande. Tal vez amanece. Nunca quise escribir mi nombre en la piel de tu espalda. Sólo escuchar el ruido que tus pies desnudos hacen al moverse debajo de las sábanas mientras duermes. Ahora busco los arañazos futuros de mis dedos en la piel de tu espalda.

1 comentario:

Unknown dijo...

Pregunta: ¿Duermen los pies cuando dormimos? Las sábanas están arrugadas...

Respuesta: Seguro que lo has leido....pero una respuesta está en "No mires debajo de la cama" de Millás

Abrazo

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