La única revolución pendiente es la de las palabras y esta es una patria, una vida, unos años legitimados para encender la mecha y no dar tregua. Sentirse ruedecita dentada de un engranaje preciso, codo con codo de gente con nombres que no son las palabras que uso para llamarles, corazones valiosos que caminan siempre con la sonrisa presta y el ánimo decidido. Porque ser un revolucionario sonriente, amable y cálido es ser un revolucionario de pies a cabeza, cierto como la tierra húmeda y como este mar feroz que se alimenta de leyendas malditas y del que me despido desde el aire. Huestes de lluvia y arcoiris en la tarde de asturias hoy que dejo a un lado las manos y las catedrales y me aferro a las palabras que ayer fueron carbón y mañana serán diamante. Regresé a mis cuarteles de invierno. Y ardían.
diario de puños y catedrales.enelaire.mayo2006
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1 comentario:
Y me encantan sus cuarteles ardientes. Un abrazo.
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