domingo, julio 20

aRRUGADA

Nicolás es tan alto como una señal de tráfico, tiene el pelo rojo y peces en las manos. Bajo las uñas, que recorta en silencio cada domingo al filo de las diez de la mañana, se acumulan restos oleosos de la tinta que rezuman las máquinas de la fábrica. Nicolás tiene los ojos del color de las acelgas. En enero me contó que la primera vez que hizo el amor fue en la cama de sus padres y aguantó quince minutos antes de eyacular. Cuando terminaron, María le dio un beso de mejillas y Nicolás cerró los párpados porque el estómago se le había llenado de guijarros.
La mañana en que nos conocimos llovía sobre Ciudad y en la sombra de los portales la madrugada continuaba escondida. Se sentó a mi lado en el banco de madera del vestuario de la fábrica y dijo buenos días. Yo estaba escuchando una canción de Lucinda Williams.

Ahora, sentados uno frente al otro en una mesa del comedor de la fábrica, almorzamos en silencio una manzana que tiene la piel arrugada y amarilla. Nicolás dice ¿sabes?, la mañana en que nos conocimos llovía sobre Ciudad y yo sentía que estaba dentro de una canción de Tom Waits. Mira de nuevo la manzana y pensativo la muerde. Dice ¿tú sabías que María no tiene un solo lunar en el cuerpo? En la esquina del comedor, bajo la ventana que da a la avenida, El Cojo explota en una carcajada.

umdpp.formentera.hoy

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