Los días en Ciudad se suceden iguales y ya mayo le dio alcance. En el vestuario de la fábrica, cuando la primera luz del día irrumpe oblicua por las pequeñas ventanas situadas en la parte alta de las paredes glaucas, El Cojo dice estás delgado, chaval, te estás quedando como una raspa de trucha, alimento frío de gatos rayados con cicatrices de callejones. Nicolás se quita los cascos, guarda la cajamúsica portátil en el bolsillo del pantalón vaquero, me mira con los ojos tristes de iris preñados de diminutas manchas negras y asiente, sonríe y regresa a la rutina de cada mañana. Dobla con cuidado la camiseta azul y aparea las blancas zapatillas viejas con los cordones manchados de aceite, de asfalto y de lluvia. Me gustan tres canciones del último disco de Love of Lesbian. Dice por cierto. Dice anoche estuve escuchando lo que me pasaste de Jonny Kaplan. Aburrido. Se me quedaron los pies fríos y el culo dormido. Cierra la puerta de la taquilla y frente a mi cara esconde la llave en el puño de su mano derecha para hacerla aparecer detrás de mi oreja izquierda. Ríe a carcajadas. Camina hacia la sala de máquinas y el efecto doppler del sonido va haciendo más inaudible su risa.
umdpp.formentera.hoy
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