lunes, febrero 1

Ha sido una batalla extenuante

Luis padecía insomnio y siempre llegaba tarde a las citas. No menos de diez minutos y no más de treinta. Pero siempre tarde. Caminaba con pasos largos por las aceras y doblaba las esquinas con la fuerza motriz que sus brazos extendidos le otorgaban al andar. Jamás se detenía frente a los escaparates. Si no se acercaban coches, hacía caso omiso a los semáforos en rojo. Rara vez se cruzaba con alguien conocido porque conocía a muy poca gente en la ciudad y porque, aunque es cierto que la probabilidad es caprichosa, la casualidad suele más bien pecar de pereza. Luis odiaba mojarse bajo la lluvia, sentir el viento en la cara si acababa de afeitarse o que la goma de los calcetines le apretase demasiado el contorno de los gemelos. Luis no tenía carné de conducir ni vehículo propio, no le gustaba el cabello de ángel y no había estado nunca desnudo en la cama con una mujer.

Buenos días, señorita. Soy don Luis Saname Atienza. Permítame decirle que sus ojos verdes son preciosos y que tengo una cita con el Sr. Martín. ¿Sería tan amable de avisarle? Disculpe el retraso. Encontrar aparcamiento ha sido una batalla extenuante.
cimadevilla.diciembre2009

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