El avión se estrelló en una montaña de las islas Azores de la que no recuerdo el nombre. Cuando ella supo la noticia lloró un día, se visitó de negro y se entregó a la morfina para combatir un dolor que la fue corroyendo por dentro hasta la muerte. Sentirse amada por un hombre como Marcel la mantenía en equilibrio. Podía caminar sobre el alambre en el silencio de una carpa de circo envuelta en la noche y plagada de ojos expectantes. Y lo hacía sin red. Ahora que él ya no estaba a su lado, ella caía sin remedio en el vacío.
Cerdan y Lamotta pelearon una noche en Detroit por el cinturón del peso medio. Del segundo escribieron que peleaba como si no mereciera vivir. Años después encontró en Robinson el enemigo que necesitaba para sentirse un tipo importante. Cerdan les vio pelear en la pantalla del televisor en la habitación de un hotel de París. Cuando terminó el combate apagó la luz y se masturbó pensando en ella. A la mañana siguiente se metió en el vientre de un avión que volaría a Nueva York y de allí no salió vivo.
Le llamaban “el bombardero de Marruecos”. Murió en las Azores.
Ella salía al escenario vestida de negro, ya en el vacío, cada canción un poco más cerca del suelo. El último bis siempre era tu es partout. Después el público aplaudía a un escenario vacío. Ella, sentada en el camerino frente al espejo, buscaba bajo la luz de las bombillas una vena limpia.
limés.abril2010
Cerdan y Lamotta pelearon una noche en Detroit por el cinturón del peso medio. Del segundo escribieron que peleaba como si no mereciera vivir. Años después encontró en Robinson el enemigo que necesitaba para sentirse un tipo importante. Cerdan les vio pelear en la pantalla del televisor en la habitación de un hotel de París. Cuando terminó el combate apagó la luz y se masturbó pensando en ella. A la mañana siguiente se metió en el vientre de un avión que volaría a Nueva York y de allí no salió vivo.
Le llamaban “el bombardero de Marruecos”. Murió en las Azores.
Ella salía al escenario vestida de negro, ya en el vacío, cada canción un poco más cerca del suelo. El último bis siempre era tu es partout. Después el público aplaudía a un escenario vacío. Ella, sentada en el camerino frente al espejo, buscaba bajo la luz de las bombillas una vena limpia.
limés.abril2010
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